Ahorro o consumo ¿cuál es la prioridad?

"Todo parece llevarnos a la necesidad de incrementar las tasas de ahorro para normalizar la estructura financiera de todos los agentes económicos, públicos y privados, como elemento de desbloqueo del nudo gordiano en el que nos encontramos. Después vendrán el consumo, la inversión y, en consecuencia, la recuperación de las tasas de crecimiento."

En términos prácticos, salir de la crisis no puede significar otra cosa que reducir la tasa de desempleo. El objetivo no puede ser otro. Para reducir la tasa de desempleo en España, tenemos al menos tres problemas importantes:

  • Muy bajo nivel de crecimiento económico.
  • Falta de crédito interior y muy elevado endeudamiento tanto del sector privado como del sector público.
  • Estructura del desempleo concentrado en jóvenes y poco cualificados.


La combinación de los tres elementos conforma un círculo vicioso. Para incrementar el crecimiento económico es necesario aumentar la inversión y el consumo, para aumentar la inversión es necesario el crédito y para que la inversión sea productiva es necesario aumentar la cualificación del empleo y, por último, para aumentar el consumo es necesario reducir la deuda, o lo que es lo mismo, el porcentaje de renta disponible destinado al servicio a la deuda para poderlo dedicar al consumo. La cuestión importante es pues como se rompe este círculo vicioso.

Empecemos por el sector privado. El crecimiento del crédito al sector privado en España desde su incorporación al Euro en 1999 ha sido de los más elevados de los países desarrollados. Esto ha tenido efectos indudablemente beneficiosos como la capacidad de internacionalización de las empresas españolas, que no hubiera podido financiarse en pesetas, pero el acceso a los fondos fue tan fácil para grandes empresas y entidades financieras, y a través de éstas para pymes y familias que el nivel de apalancamiento de los agentes económicos fue altísimo. En los años previos a la crisis, y en particular entre junio de 2005 y diciembre de 2007, el crédito al sector privado creció en España una media de un 14,8% más que el PIB nominal. Tan solo a partir de junio de 2011 ha empezado el proceso de desapalancamiento, pero aún queda mucho por hacer. De acuerdo con la información del Boletín Estadístico del Banco Central Europeo, con datos actualizados a 28 de enero de 2014 el apalancamiento del sector privado español es aun sensiblemente mayor al de la media de los países de la eurozona. Esto significa necesidad de ahorro para destinarlo a esta finalidad.

Por lo que se refiere al sector financiero, en los años de bonanza, la banca cambió radicalmente la estructura de su balance aumentando sustancialmente su inversión crediticia financiándola en el mercado mayorista, básicamente exterior. El tamaño de la inversión crediticia llegó a ser de 1,8 veces el tamaño de los depósitos de clientes. Este hecho, aparte de los problemas de solvencia que le originó la sobreinversión realizada con un elevado nivel de concentración en el sector promotor e inmobiliario y con criterios de valoración de riesgos más laxos, situó al sector en su conjunto en una posición muy vulnerable, como pudo comprobarse en los momentos críticos de falta de liquidez en el sistema. Por tanto, la banca también tiene que reducir su endeudamiento mayorista y, en consecuencia el tamaño de su activo. Es decir reducir el crédito, obligando a los clientes a desapalancarse. Nuevamente necesidad de ahorro.

Por último, el endeudamiento del sector público durante estos años de crisis también ha aumentado de una forma difícilmente sostenible. Estamos a punto de alcanzar la temida situación en que la deuda pública española supere al PIB, como consecuencia de los abultados déficits fiscales que hemos estado soportando durante estos años. Esto significa que el sector público, a pesar de los procesos de consolidación que ya ha realizado, necesariamente va a tener que continuar reduciendo el nivel de gasto hasta que el crecimiento económico permita que la reducción del déficit, y por tanto de la deuda, se realice por la vía de los ingresos, y para esto aún falta mucho. Por tanto en el sector público lo que va a hacer falta también es ahorro. Mientras tanto, además, seguirá consumiendo una parte sustancial del crédito de la banca privada que debería ir destinado al sector privado.

Esta situación de elevado sobre endeudamiento coincide con uno de los periodos en que más se ha reducido la inversión productiva en España. Desde el comienzo de la crisis, la caída de la inversión ha sido de 12,7 puntos del PIB. Es el elemento de la demanda agregada que más ha caído con diferencia. Mientras persista la necesidad de desapalancamiento de la economía española difícilmente se va a recuperar lo suficiente la inversión como para ser motor del desarrollo.

En conclusión, todo parece llevarnos a la necesidad de incrementar las tasas de ahorro para normalizar la estructura financiera de todos los agentes económicos, públicos y privados, como elemento de desbloqueo del nudo gordiano en el que  nos encontramos. Después vendrán el consumo, la inversión y, en consecuencia, la recuperación de las tasas de crecimiento anteriores a la crisis y, por tanto, el empleo. No hay que confundir fin último con prioridad a corto plazo. Si las cosas no se hacen por orden a lo mejor no llegamos a conseguir los objetivos deseados. Todo ello, por supuesto, no hay que entenderlo de una forma simplista. Estimular el consumo siempre es importante, pero sentar las bases para que se pueda consumir más de forma sostenible a largo plazo, lo es aún más.

Por tanto, si esto es así, las medidas fiscales que estimulen el ahorro deberían estar entre las prioridades de la reforma fiscal que el gobierno está anunciando para este año, y profundizar en las medidas de consolidación del sector público debería ser también una prioridad, aunque estemos entrando en un periodo largo de elecciones a diferentes niveles.

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