Catalunya/Barçelona. Ilusión y Esperanza

"Algunos creíamos, y seguimos creyendo, que Barcelona y Bilbao, también, deben de ser centros neurálgicos de los poderes del Estado y en consecuencia ubicaciones legítimas para el Tribunal Constitucional, la Comisión Nacional del Mercado de Competencia entre otros ejemplos. Seguimos creyendo que la fortaleza industrial y tecnológica que representan Catalunya y el País Vasco es buena para construir las Españas y estas no tienen que pasar necesariamente y de manera excluyente por un centro geográfico y mental como Madrid."


Enterremos el miedo/ enterremos la noche/ apartemos las nubes que nos esconden la luz/ hemos de ver claro/ el camino es largo/ y ya no tenemos tiempos de equivocarnos.( Traducción libre de la estrofa de la canción de Lluis Llach, "Cal que neixin flora a cada instant.").

Me viene a la memoria esta canción,en el recital de Llach de Enero del 76 en el Palacio de Deportes de Barcelona. Su intensidad y la fuerza de la comunión del público con la esperanza de la libertad y del Estatut, con un simple, pero armónico, rasgueo de guitarra. Reflejaba la voluntad decidida del cambio y la transición a la democracia. El camino a la recuperación de las libertades individuales hurtadas en 40 años de dictadura, el autogobierno de Catalunya representada por la Generalitat y su HONORABLE President, Josep Terradellas,...y la simbiosis entre democracia, bienestar y oportunidades vitales para toda la ciudadanía. El "Ja soc aquí" en el balcón del Palau fue la materialización institucional de la mayoría social de Catalunya que aglutinó la Asamblea Nacional de Catalunya. El mar de siglas estaba asentado en una causa común y en una representación común.

Las elecciones generales del 77 y las autonómicas del 80 empezaron a dibujar la Catalunya política de estos últimos 30 años. Con sus claroscuros como el no anclaje de la singularidad de Catalunya en el texto constitucional y errores de calado como el rechazo al autogobierno fiscal, por razones que los actores del mismo deberían contestar. Porque aquí radica el fondo del problema actual.

También se consolidó el dibujo de una ciudadanía, que independientemente de su origen, fuera el centro de las aspiraciones de autogobierno de Catalunya. Es digno de recordar a Joan Reventos, Josep Pallach, Jordi Sole Tura... y tantos otros que integraron a los ciudadanos del cinturón industrial de Barcelona en el proyecto de autogobierno.

Es digno de recordar a los que desde el régimen franquista evolucionaron con visión y no pusieron muros a la marea democrática y en consecuencia evitaron el riesgo de destrucción que supone un tsunami ciudadano. No aplicaron la legislación y el reglamento vigente de manera rígida, la utilizaron para cambiar y crear el cuerpo legislativo adecuado para encauzar la marea del cambio y la reinstauración de la democracia y del autogobierno. Y el Rey, sabiendo que su futuro personal, y de la monarquía que había nacido con pecado original, dependía de ello, supo rodearse de perfiles como el de Torcuato Fernández Miranda entre otros, sin olvidar a personas ignoradas en el limbo de la historia como José María Armero.

En este contexto histórico y político, Barcelona era para muchos de nosotros la ciudad abierta que soñábamos, intensa cultural y políticamente. Aspirábamos el oxígeno de la libertad y vivíamos con la vitalidad de la luz del cambio, en contraposición a una España oscura y sin oxígeno. Era la puerta que se nos abría al mundo, sin salir de la Península. Uno se aproximaba a la modernidad y a la intelectualidad europea en diversos y múltiples foros. Una ciudad viva y en algún grado cosmopolita.

Tras los JJOO y la brillante gestión de Maragall y su equipo, Barcelona, se proyectó como un punto de luz, que todavía brilla, en el sistema urbano europeo e internacional . Y en el actual sistema internacional esto es una fortaleza nada desdeñable y un valor de calado estratégico para cualquier País.

Catalunya y Barcelona, fueron abanderados de un modo y manera de entender la construcción ciudadana, política e institucional de la Unión Europa. Impulsores, junto a otras regiones y ciudades dinámicas europeas, de un modo y manera de construir Europa en línea con las visiones de Jean Monnet ya expuestas en este blog. Poniendo en valor a las instituciones democráticas más cercanas a los ciudadanos y abriendo espacios institucionales para que las regiones y los municipios sean también el motor de la construcción institucional de la Unión Europea y actores de la nueva ciudadanía europea.

Y Barcelona junto a otras ciudades del mundo, como Seattle, fueron pioneras del protagonismo de las ciudades como actores de la nueva sociedad internacional y espacios donde desarrollar las innovaciones tecnológicas y las tecnologías urbanas. Espacios donde la convivencia plural, la atracción de capital humano cualificado y la creación de entornos atractivos para la implantación de actividades empresariales innovadoras, son piezas claves para el desarrollo económico sostenible y también una ilusión de futuro para los jóvenes. Como dice mi buen amigo César Molinas, tras plataformas de innovación y de industria avanzada, se configura a su alrededor un mar de empresas PYMES y de oportunidades.

Catalunya/ Barcelona son un todo y no es un tema menor esta ecuación. Porque en el juego europeo e internacional, desde la modestia, Barcelona representa mucho para España. ¿Alguien en su sano juicio se imagina una España sin la referencia de Barcelona?

Tras el 9 de Noviembre, Catalunya ha entrado en otro escenario. Algo muy sustancial ha cambiado. Las relaciones entre Catalunya y España (sic). Guste o no, el 9N, ha transformado el escenario de negociación. Y este es, de poder a poder. Estamos ante un grave problema y las recetas viejas, me da la sensación, van a servir poco.

Este problema no solo afecta a España. Impacta en la Unión Europea. Guste o no. Aquí, si que subimos de escala y en consecuencia las exigencias para una solución civilizada y alineada con el espíritu constructivo e innovador del relato de la Unión. Como ha dicho el Papa Francisco en su intervención ante el Consejo de Europa (25 de Noviembre), para abordar el futuro hay que reconocer el pasado. Y el pasado reciente nos informa entre otras cosas que la visión estrecha de la ley sin la visión política, nos lleva al precipicio.

Todos podemos mirar al pasado y todos podemos rasgarnos las vestiduras por un melón que se abrió y afloraron los lodos. Pero hay algo innegable, que con la graves crisis económica ha aflorado un nuevo tiempo y el 9 N es su reflejo en Catalunya.

Como toda construcción hecha por seres humanos y en entornos cambiantes, la arquitectura institucional debe renovarse de manera seria. Por cierto, un proceso de renovación y cambio, que tiene su origen en la década de los 90, con la significativa presencia en Europa de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, con el impulso, por parte de esta institución, para elaborar el Informe sobre las Autonomías en una perspectiva federal, con los sucesivos e interesantes debates, donde el protagonista era la necesaria cultura política federal y también, porque no decirlo, con la reivindicación del independentismo, frente al nacionalismo, de personas significativas de las elites barcelonesas de tradición liberal y de izquierdas. El rancio conservadurismo, de cualquier signo, siempre nos ha llevado al precipicio de la nada y de las frustraciones. Es bueno analizar la realidad tal y como es. Y aplicar las soluciones más convenientes. De lo contrario el sufrimiento esta garantizado.

Las consecutivas Diadas y el 9N han fotografiado una amplia clase media que desea profundizar en el autogobierno, un lugar bajo el sol de la futura Europa y un nuevo marco de convivencia en el seno del Estado. Y recuperar aquello que no debieron de perder. El autogobierno fiscal. La reivindicación de las Españas frente a la España que residencia su horizonte político y vital en un centro que fagocita y expulsa del sentir común a todos aquellos que tienen otra visión más radial y de cultura política federal, es más necesario que nunca. Algunos creíamos, y seguimos creyendo, que Barcelona y Bilbao, también, deben de ser centros neurálgicos de los poderes del Estado y en consecuencia ubicaciones legítimas para el Tribunal Constitucional, la Comisión Nacional del Mercado de Competencia entre otros ejemplos. Seguimos creyendo que la fortaleza industrial y tecnológica que representan Catalunya y el País Vasco es buena para construir las Españas y estas no tienen que pasar necesariamente y de manera excluyente por un centro geográfico y mental como Madrid. El mundo nuevo es de redes.

Europa significa pragmatismo en estado puro. Y las voces que se escuchan sobre la desafección de Europa ante el problema de Catalunya, esta muy bien para las tertulias y para competir sobre quien saca más pecho, pero dista mucho del realismo político que ha presidido el concierto europeo. Tras el 9N se ha marcado un escenario de negociación y de este, no pueden rehuir ni el Estado ni la Generalitat. La declaración de independencia unilateral es un desastre europeo desde muchos puntos de vista. Pero el uso grosero de la Constitución y la transición invocadas por el Gobierno es también un desastre para Europa. Hay mucho en juego y se están perdiendo los pocos anclajes de integración que había. Y hay actores institucionales y políticos agazapados que impiden la solución, como aquellos que ante cualquier perspectiva de asimetría en el modelo saltan rápidamente y ponen su visión priísta de la política, y las instituciones, por encima de cualquier solución.

El terremoto del 9N se puede convertir en un tsunami institucional si se sigue con la política del avestruz y este arrastraría también a todos aquellos que asientan su legitimidad institucional en la cohesión de las Españas. Y Europa se encontraría de manera acelerada con un problema de estabilidad muy significativa.

Confío plenamente en que la cordura imperará, se buscarán espacios de Unión y la nueva cultura política federal asiente una presencia de Catalunya en las Instituciones Comunes de la Unión. Trabajar para que impere el sosiego y la cordura exige mucha discreción y constancia. Y sobre todo" no militarizar " la sociedad civil. Y también, como no, reivindicar la POLÍTICA, frente a tanto Abogado del Estado que conoce la transición desde el temario y aplica el reglamento vigente haciendo caso omiso del Espíritu de las Leyes.

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