Dos de cal y tres de arena

Las noticias positivas: el preacuerdo nuclear con Irán, y el acercamiento entre Obama y Raúl Castro. Las negativas: la susceptibilidad turca ante el recuerdo del genocidio armenio, el drama ocasionado por Boko Haram en Nigeria, y el drama de los inmigrantes que cruzan el Mediterráneo.
Jorge Dezcallar 21/04/2015

Esta ha sido una semana muy intensa desde el punto de vista de las relaciones internacionales y del mundo que nos rodea. Dos acontecimientos diplomáticos de primer orden, como el logro del acuerdo marco interino entre la comunidad internacional e Irán y el comienzo del deshielo entre los EE UU y Cuba han coincidido con el centenario del genocidio armenio y con el primer aniversario del rapto de un centenar de niñas en el norte de Nigeria. Y todo ello al comienzo de la primavera que multiplica el número de refugiados (políticos y/o económicos) que tratan de cruzar como pueden nuestro Mediterráneo, dejando muchos la vida en el intento.

El preacuerdo con Irán es muy importante no solo porque pondrá fin a una carrera de armamentos en Oriente Medio (Israel, aparte) sino que permitirá el regreso de Irán a los mercados de gas y petróleo y su reinserción en el juego geopolítico regional como jefe de filas de los chiítas. La influencia de Irán se ha extendido durante los últimos años como consecuencia de la destrucción de Irak tras la invasión de 2003, del cambio de política americana en Siria que de considerar a Bachar al Assad como parte del problema ha pasado a considerarlo parte de la solución, y del nacimiento del Estado Islámico, cuyas atrocidades han dividido a los sunnitas y movilizado a los chiítas. En la región preocupa que ahora esa influencia crezca aún más y por eso el acuerdo tiene poderosos enemigos en Israel o Arabia Saudí con mucha capacidad de influencia en el Congreso norteamericano. El mundo da por descontado que habrá acuerdo (los rusos ya han desbloqueado un poco prematuramente la venta de misiles antiaéreos a Irán) y si este no se produce el 30 de junio será difícil mantener la actual cohesión de la comunidad internacional.

El segundo gran acontecimiento diplomático es que Obama se ha visto en la cumbre de Panamá con Raúl Castro, ha anunciado que van a abrir embajadas en La Habana y en Washington y ha propuesto sacar a Cuba de la deshonrosa lista de países que apoyan el terrorismo (los otros son Irán, Sudán y Siria), lo cual tiene importantes efectos económicos y financieros. La decisión hay que enmarcarla en el talante personal del presidente norteamericano siempre dispuesto a hablar con los enemigos (que es con los que hay que hablar), en su deseo de dejar huella de su paso por la Casa Blanca y en el hecho de ser el primer presidente norteamericano en darse cuenta de que el embargo a Cuba a quienes de verdad aislaba era a los propios norteamericanos del resto del continente. El inicio del largo proceso electoral norteamericano (por vez primera con un par de candidatos con ascendencia hispana) puede que retrase la decisión del Congreso para abolir el embargo, pero creo que es un hecho histórico muy positivo que no tiene marcha atrás.

Lo demás no es tan positivo. Si quieres poner nervioso a un griego, háblale de los turcos (o, ahora, de Merkel). Si quieres que un turco deje de hablarte, menciónale el genocidio armenio cuyo triste centenario se conmemora ahora... fuera de Turquía, allí sigue siendo un tema tabú. En 1915, en plena Primera Guerra Mundial, los turcos pensaron que los armenios (Armenia era entonces una provincia del imperio otomano) no solo querían aprovechar el conflicto para hacerse independientes sino que constituían una auténtica quinta columna de apoyo al enemigo ruso y los expulsaron en masa forzándoles a una travesía del desierto en la que murió un millón y medio de personas, muchas de ellas mujeres y niños. Los turcos dicen que no fue genocidio porque no se ha documentado que existiera "intención de destruir por completo o en parte a un grupo nacional, étnico, racial o religioso", como dice la convención de 1948 de la ONU sobre genocidio, pero el papa Francisco lo tiene claro y lo acaba de recordar a muchos países (como el nuestro) que prefieren mirar hacia otro lado.

Y en una dimensión mucho menor pero también muy dolorosa, hace un año que no sabemos nada de las 219 chicas raptadas por Boko Haram en la escuela de Chibok. Seguramente las habrán vendido como esclavas o casado con guerrilleros después de convertirlas al Islam. Buhari, recién elegido presidente de Nigeria, ha reconocido no saber dónde están ni si será posible liberarlas algún día. No están solas, solo el año pasado el número de jóvenes raptadas por BH ha sido cercano a 2.000 y aunque solo fuera por eso es preciso acabar con este grupo de fanáticos que se han afiliado al Estado Islámico. El mundo entero debería apoyar al nuevo gobierno de Nigeria en esta tarea.

Y el plácido Mediterráneo vuelve con el buen tiempo a convertirse en tumba de quienes desde el sur tratan de cruzarlo en busca de una vida mejor. 10.000 refugiados han llegado a Italia el pasado fin de semana [1] y 300 se ahogaron (¡doce eran cristianos arrojados al mar desde una patera por musulmanes!), en una tragedia continuada que no puede dejarnos indiferentes. El año pasado llegaron a Europa 280.00 inmigrantes de forma irregular. La balbuciente política de inmigración europea o los esfuerzos de la agencia Frontex se ven impotentes ante esta avalancha... que no es nada comparada con los 1,8 millones de refugiados que ha acogido Líbano (cuya población es de 4,5 millones) o con el medio millón que el Estado Islámico amenaza con echar al mar desde las costas de Libia. Vivimos en un mundo muy injusto.

(1) Jorge Dezcallar escribió este artñiculo antes de conocerse el último naufragio cuya cifra de víctimas puede llegar a las 900 personas.

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