Elecciones europeas. ¿Unas elecciones menores?

"¿Unas elecciones menores? Ni para nosotros, ni para nuestras hijas e hijos. Los próximos años son decisivos y la ciudadanía europea debemos de empujar para que se consolide un concierto europeo asentado en los valores de los padres fundadores de la Unión y la adecuación a las nuevas necesidades de Europa de su arquitectura institucional."

Ni para nosotros, ni para nuestras hijas e hijos. Además este año las elecciones se celebran con un centenario dramático de la historia europea a nuestras espaldas: 1914. Esto nos recuerda que no debemos de bajar la guardia en la preservación de los valores de la Unión Europea. Si para las generaciones europeas, que vivieron (vivimos) en la noche oscura de las dictaduras en algunos países de Europa, las Instituciones Europeas eran el faro y esperanza de Democracia y Bienestar. Ahora, más que nunca, la Unión Europea debe recuperar esa función de faro para todas las nuevas generaciones que buscan cumplir sus oportunidades vitales en un mundo complejo, altamente competitivo a nivel global y que tiene ante sí 7.000 millones de habitantes que quieren vivir con dignidad también.

Porque la vía europea, tal y como afirma Steven Hill, es la mejor de las esperanzas en estos tiempos inciertos. Y debe encontrar la confianza y la estabilidad necesaria para recuperar la visión del Proyecto europeo. En este sentido el pragmatismo no debe ser el secante de la visión de futuro porque esto nos está llevando a la desafección de la ciudadanía europea. Porque está sintiendo que las Instituciones Comunitarias están teniendo un papel reactivo y no proactivo en la adopción de medidas para estabilizar y relanzar la economía europea. Y siente, al igual que la Corte Constitucional de Karlsruhe, que hay un déficit democrático en el proceso decisional de las decisiones comunitarias.

Sin embargo la crisis actual, tal y como señalan Christian de Boissieu y Olivier Passet (PDF), es una ocasión para progresar en el gobierno económico y político de la Unión porque los ciudadanos europeos están preocupados, legítimamente, por la ralentización del crecimiento económico y la persistencia del desempleo, sobre todo juvenil. Y desde 2008 llevamos adaptándonos a situaciones excepcionales sin cambiar los tratados fundacionales (el Tratado de Lisboa ha visualizado sus límites e insuficiencias para el nuevo mundo europeo) y estamos entrando en el momento histórico de avanzar para adaptarnos, como europeos, a la nueva sociedad Internacional. En definitiva, reforzar los valores europeos y el gobierno del espacio de la Unión Europea, en el nuevo contexto mundial.

El renacimiento tecnológico-industrial, la consolidación fiscal, la unión bancaria, la adecuación de la formación técnica a la nueva economía digital, la educación como pilar de cohesión social y competitividad económica,.. y la consolidación de un cuerpo de valores compartidos entre los jóvenes europeos, son tareas que los próximos años van a tener, ante sí, las Instituciones Comunitarias. Y el Parlamento europeo es relevante en su seno desde todos los puntos de vista.

Por ello son importantes estas elecciones. Porque nos adentramos en un final de década vital para Europa y su encaje/posición en la sociedad/economía mundo. Y los ciudadanos europeos debemos de hacer un ejercicio permanente de recordar nuestro pasado porque se ha asentado la sensación de que el mundo europeo está protegido de los vientos que asolaron Europa el siglo pasado y sin embargo la dramática Guerra en los Balcanes, visualizaron que los demonios interiores de Europa, están presentes. Y la situación de Ucrania, como anteriormente Georgia, nos acercan más a esta urgencia de reafirmar la necesidad de una Unión Europea fuerte y capaz de responder a los desafíos actuales de las sociedad europea, frente a la banalización televisiva del conflicto.

Y como ejercicio pedagógico debía de ser obligatorio en los centros educativos, una lectura comentada de la Introducción del libro de Margaret MacMillan, titulado "1914, de La Paz a la Guerra". Y para todo el cuerpo político su lectura íntegra, así como su continuación “París, 1919".

El mundo europeo de ayer, parafraseando a Stefan Zweig, es demasiado cercano y parecido al mundo europeo de hoy. Y la caída del muro en 1989 no dio lugar a un nuevo concierto europeo, como el del Congreso de Viena (tan bien analizado por Henry Kissinger en su excelente libro, fruto de su tesis doctoral, titulado "Un mundo restaurado" (FCE, 1973) que reconstruyó Europa tras las guerras napoleónicas, creó la estabilidad que permitió el desarrollo tecnológico industrial y proyectó a Europa como la potencia económica mundial.

Los próximos años son decisivos y la ciudadanía europea debemos de empujar para que se consolide un concierto europeo asentado en los valores de los padres fundadores de la Unión y la adecuación a las nuevas necesidades de Europa de su arquitectura institucional. Más Europa.

Comentarios

13/03/2014 12:04
Cierto que hay una “desafección de la ciudadanía europea”. No es menos cierto que “la crisis actual es una ocasión para progresar en el gobierno económico y político de la Unión”. Y parece evidente que “la consolidación de un cuerpo de valores compartidos entre los jóvenes europeos” es una de las tareas prioritarias de las instituciones comunitarias.
 
El reto estriba en relacionar todo ello con una convocatoria electoral que se nos presenta cada vez más anodina y un Parlamento que se nos antoja socialmente como de otro mundo o, cuando menos, como parte del extranjero.
 
La pregunta es: ¿tienen realmente las instituciones más cercanas al ciudadano (administración local y regional, universidad, partidos políticos, asociaciones empresariales, sindicatos, medios de comunicación, industria audiovisual, sector cultural etc.) vocación europea?
 
Luis Aranberri

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