Gloria Ucrania, Gloria Europa

"[Es] absolutamente necesario que la nueva Comisión [de la UE] abandone definitivamente la etapa anodina y reactiva de la Presidencia Barroso y recupere el pulso de la POLITICA para avanzar, si o si, en el proyecto de la Unión y especialmente en la gobernanza de su política exterior y de seguridad común. Y la energía es el corazón de esta política."

Con estos Glorias cerraban el 16 de Septiembre, los parlamentarios del Parlamento de Ucrania, la sesión en la que ratificaron por unanimidad el Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea. Y una declaración de principios de gran calado por parte de Petro Porochenko, la Unión Europea es la garantía (para Ucrania) de su protección frente a Rusia y el Acuerdo un instrumento para reformar / modernizar el País y erradicar la corrupción.
 
El mismo día, el Parlamento europeo aprobó, también, pero por mayoría, el mencionado Acuerdo, y marcado por dos aspectos relevantes. El voto negativo (127) y abstención (35) de un número de europarlamentarios no desdeñable por las actuales circunstancias que atraviesan las relaciones de la UE con Rusia. Y la ausencia de Cathetine Ashton, que por "razones de agenda estaba en Nueva York tratando el dossier nuclear de Irán". Esta explicación muy en línea con un guión de la Familia Roper.

El Acuerdo se enmarca en el Partenariado oriental lanzado en el Consejo de Vilnius (Noviembre 28-29 del 2013) y que viene a materializar una decisión estratégica de calado. El papel activo y decidido de la Unión para integrar en su perímetro de influencia los estados post soviéticos de su geografía europea y del Cáucaso.

La política de vecindad lanzada el 2004 por la UE ha permitido reforzar su presencia en Ucrania, Cáucaso y Moldavia y la ha convertido en un polo de atracción económica y política. Y el partenariado oriental del 2009 va más allá, al propiciar Acuerdos de Asociación asentados en un diálogo político estable, cooperación reforzada en materia de política exterior y de seguridad y sobre todo armonización de la legislación de los países partnes con el acervo comunitario y así poder construir eficazmente una zona de libre comercio.  

Este movimiento estratégico de la Unión se percibe por Rusia como la materialización de una amenaza que ya palpó con la integración doble de los países bálticos en la OTAN y en la UE (máxime si la minoría rusa se siente perseguida en los países bálticos y en Ucrania) y le lleva a preservar su posición histórica mediante la creación y consolidación de una comunidad económica "y política" equivalente al Mercado Común Europeo, la Unión Económica Euroasiatica. Su objetivo, articular bajo su ámbito de influencia el espacio post soviético que recorre la geografía euroasiatica y que se traduce en países con grandes reservas energéticas, países asentados en ubicaciones geográficas de alto interés estratégico para la "sagrada Rusia" desde hace dos siglos y el control de Asia Central.

En este contexto, tras la negativa de Ucrania a ser parte del proyecto liderado por Moscú, el acuerdo de Asociación con la UE ratificado el 16 de Septiembre entra en el corazón del interés estratégico definido por Putin, avalado por las clases medias rusas emergentes y en un entorno de dificultad creciente de Rusia por razones del precio decreciente de los hidrocarburos, la débil productividad y competitividad de su industria y la galopante debilidad demográfica. Y aflora en el seno de las elites rusas el debate histórico de Rusia desde mediados del siglo XIX (exponentes de ello Vladimir Lamanski y Constantin Leontiev),la corriente que reivindica la identidad asiática de Rusia y los interés rusos frente a la decepción rusa porque Europa no comprende a Rusia y la subestima. Que en la traducción actual es, frente a la UE el estrechamiento de los lazos, tanto bilaterales como multilaterales, en Asia.
 
Este escenario nos obliga a no olvidar el mundo de ayer (recomiendo releer el excelente libro de Stefan Zweig, El mundo de ayer) porque parece que últimamente vuelve con demasiada frecuencia y están aflorando en la política internacional y en la europea también, personajes que les gusta el juego de la cerilla en un océano de gasolina.

Europa tiene ante si la exigencia de avanzar en el acuerdo adoptado en Vilnius y en el Acuerdo de Asociación entre la UE y Ucrania, porque ha desatado la esperanza en Ucrania y lo consideran el relato que guía la construcción de un Estado con parámetros de transparencia, desarrollo económico y cohesión social equivalentes a los socios de la Unión.  

Como dije hace tiempo, la UE no puede ni debe hacer con Ucrania un ejercicio de irresponsabilidad y en consecuencia debe asumir responsablemente los costes energéticos de un socio vecino que ha depositado su esperanza de futuro en la asociación con la UE y al que hay que exigirle también responsabilidad en las reformas necesarias para hacerla equiparable a los socios de derecho de la Unión.

El conflicto larvado entre la UE y Rusia, por los espacios de influencia, esta a flor de piel, ha tenido ya una deriva militar preocupante en Ucrania y tenemos ante nosotros un escenario extremadamente delicado donde hay que erradicar el retorno de la historia negra europea.
 
El gran tablero está en marcha y además en el contexto de una sociedad internacional inmersa en un complejo bucle. Y la recomposición del poder en su seno esta aflorando con fuerza dramática para Occidente y para Europa en particular. De ahí que sea absolutamente necesario que la nueva Comisión abandone definitivamente la etapa anodina y reactiva de la Presidencia Barroso y recupere el pulso de la POLITICA para avanzar, si o si, en el proyecto de la Unión y especialmente en la gobernanza de su política exterior y de seguridad común. Y la energía es el corazón de esta política.
 
La evolución de los acontecimientos de Ucrania deben facilitar espacios de encuentro entre nuestros intereses y el de ellos. Y deben servir para desactivar los dos principales riesgos a muy corto plazo. La protección de la minoría rusa y el abastecimiento del gas. En ambas cuestiones el papel de la Unión Europea puede y debe ser activo.

En términos más estratégicos no podemos obviar que hoy Rusia puede y debe ser un aliado para controlar el fuego de Oriente Medio y que es nuestro tercer socio comercial. Y para ellos somos su primer socio. Tampoco podemos ignorar que exporta las 2/3 partes de sus recursos hacia Europa (70% Gas y 90% Petróleo). Y que el 36% de las importaciones de Gas de la UE es ruso y el 31% del petróleo. Este pequeño botón de muestra, sin adentrarnos en los flujos de inversión y exportación entre la UE y Rusia y más concretamente las relaciones comerciales ruso/alemanas, nos muestra la importancia de una política de vecindad asentada en el realismo.

Los próximos años van a ser decisivos para la Unión Europea también en el terreno de su política exterior. Las dificultades crecen porque su perímetro de vecindad está inmerso en un océano de incertidumbre por el fuego desatado en Oriente Medio. Y la evolución interna de Rusia es un asunto de primer orden para los intereses de estabilidad y seguridad de Europa.
 
No hay muchos datos para la confianza pero si un dato significativo para reaccionar. La insignificancia creciente de Europa en términos industriales y en términos políticos en la sociedad internacional.
 
Proseguir con la visión de archipiélago en su política de reactivación económica, su política exterior y su política energética e industrial, nos están llevando a un escenario de riesgo sistémico para la Unión. Reaccionar ante esto es una obligación y mandato de los electores europeos a la nueva Comisión.

Transformar nuestra débil musculatura en fortaleza se hace con el ejercicio de recuperar la comunidad política europea, su gobernanza y su cohesión. Y esto es necesario para ser actores de la estabilidad en Rusia, para comprender que las negociaciones del TTIP entre la UE y EEUU son de interés estratégico también para los europeos y ser conscientes que el interés de los EEUU en la geografía política y económica de Asia, tiene un impacto significativo en nuestra seguridad y competitividad.
 
Quo Vadis Europa? El Gloria Ucrania y el Gloria Europa, es buen brindis que implica un recuerdo a la etapa Delors. Liderazgo, decisión y europeización de las políticas domésticas de los estados miembros. De lo contrario, tenemos asegurada la entrada en un periodo de oscuridad, deterioro de las condiciones de vida de los europeos y pérdida de oportunidades vitales para las generaciones jóvenes. Y España tendría garantizada su posición de cul de sac una vez escorado el centro de gravedad de los intereses de Europa hacia su centro geográfico.

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