Je suis Charlie

"Llueve sobre mojado y a la amenaza exterior se le ha sumado la amenaza interior por el desapego progresivo de jóvenes europeos que han abrazado el radicalismo islámico como medio de reivindicar su pertenencia en contraposición al desapego con la sociedad que le rodea. Estamos frente a un problema que requiere abordarlo en su complejidad."

La barbarie ha tomado cuerpo nuevamente en Europa. Esta vez, París ha sido el escenario. La libertad de expresión y los valores de la ciudadanía, conseguidas con esfuerzo y dolor a lo largo de la historia europea, el objetivo. El atentado terrorista perpetrado contra "Charlie Hebdo" nos ha golpeado a todos los europeos y nos recuerda que el fanatismo esta galopando en la vecindad europea. Oriente Medio y Norte de África son sociedades que están siendo golpeadas por el fanatismo del radicalismo, que esta vez ha cogido la forma del islamismo radical.

Tiene como misión la dominación de las mentes y de la voluntad. Y  el medio para esterilizar la libertad de pensamiento y expresión. El radicalismo religioso esta siendo el instrumento para asesinar los deseos de libertad y de búsqueda de oportunidades vitales para los jóvenes árabes  que tras el alzamiento civil de Túnez, prendió en un movimiento pan árabe (perdón por utilizar una expresión no correcta pero gráfica) denominado mediáticamente como la Primavera Árabe.
Hoy no es momento de análisis, es un momento para la solidaridad, el dolor y la reafirmación de Europa como civilización frente a la barbarie.

Sin embargo si es oportuno llamar la atención sobre los importantes desafíos que tenemos los europeos frente a un radicalismo islámico que esta tomando cuerpo en las sociedades profundamente injustas del mundo musulmán contemporáneo (véase el excelente trabajo de Guilles Kepel. La revanche de Dieu. Chrétiens, juifs et musulmans à la reconquéte du monde. Ed.du Seuil 1991) y atrae a los jóvenes desposeídos porque la Yihad resulta más atractiva que las libertades públicas.
Es necesario valorar la presencia del Islam en Europa. En Francia es un dato relevante, al igual que en Alemania, y en los Balcanes también. Desde esta perspectiva parece razonable que en la política europea la cuestión islámica tenga el foco de atención necesario no solo por nuestra seguridad sino también  para preservar una sociedad europea cohesionada.

Un somero repaso a la obra de Samir Amghar sobre el salafismo hoy. De Malek Chebel sobre el Islam en Europa y Oriente Medio. De Charles Saint-Prot sobre la tradición islámica de la reforma. De Jean Marcou, sobre el modelo turco. De Nabil Ennasri sobre Arabia Saudí y su análisis sobre la religión como guardiana de una dictadura... Todo ello nos muestra que estamos ante un problema complejo y de perspectiva incierta si no afrontamos con rigor y decisión una política común sobre Islam, Democracia y valores de ciudadanía. Y sobre todo no afrontamos con visión y rigor la creación de oportunidades vitales para los jóvenes desposeídos de futuro en el mundo islámico sea este en nuestro interior europeo sea en la vecindad geográfica de Europa.

En nuestra vecindad tenemos experiencias como la de Libia, bien explicadas recientemente por un investigador del IRIS, Kader A. Abderrahim, donde el caos parece instalarse ante nuestra ineficiencia, como consecuencia, no solo de nuestra incapacidad en materia de política exterior y de seguridad común, sino principalmente de nuestros deficits de inteligencia que nos impidió entender y valorar adecuadamente la complejidad tribal de Libia, valorar adecuadamente la geopolítica de la región y adoptar medidas para la era post-Gadafi.

Nos hemos olvidado con demasiada facilidad que en nuestra vecindad hemos presenciado la crueldad del radicalismo islámico en Argelia con la actividad terrorista del Grupo Islámico Argelino (GIA) en la década de los 90 con más de 100.000 argelinos como víctimas de su barbarie. Y seguimos con deficits significativos para entender y valorar  la situación en Argelia, Marruecos y el Sahel. Y actuar con una Política exterior y de seguridad común sólida.

Llueve sobre mojado y a la amenaza exterior se le ha sumado la amenaza interior por el desapego progresivo de jóvenes europeos que han abrazado el radicalismo islámico como medio de reivindicar su pertenencia en contraposición al desapego con la sociedad que le rodea. Estamos frente a un problema que requiere abordarlo en su complejidad. Desde la apuesta clara por la reafirmación de los valores democráticos y de inclusión democrática hasta políticas sociales claras que laminen el "mercado de captación" de los radicales. No podemos olvidar tampoco que  asistimos a una guerra sin cuartel también en el seno del Islam, donde el fundamentalismo islámico esta abriendo el campo al radicalismo y en esta tarea una comprensión del Islam centrada en el hecho religioso de manera positiva y que pone en valor la tolerancia y la convivencia ínter religiosa es su gran enemigo.

El atentado terrorista de ayer es un atentado contra la civilización y no es representativo del Islam. La extensión del Islam por el Indico nos muestra una religión mayoritaria en zonas de alta sensibilidad socio económica en la geoeconomia mundial como son Indonesia, Malasia, India... y que configuran un espacio cultural islámico relevante, no en vano la Universidad Islámica de referencia está en Malasia.

Es  bueno que los europeos entendamos y comprendamos la complejidad cultural, geográfica y social donde se despliega el Islam. En este contexto el diálogo ínter religioso adquiere un especial significado y de un gran valor para la convivencia humana.

La función del diálogo adquiere especial significado si tomamos conciencia  sobre lo que esta sucediendo bajo el paraguas del radicalismo islámico, que esta generando una persecución dura y letal de los cristianos, en sus zonas de dominio. Atentados terroristas como los de ayer afloran el riesgo de un choque de las civilizaciones, excelentemente analizado por Samuel P. Hungtinton. Este, en el marco del proyecto de Olin Institute sobre "Cambios en el entorno de seguridad e intereses nacionales estadounidenses", evaluó el Choque de Civilizaciones (1993) como " la línea de ruptura que sustituya las fronteras políticas e ideológicas de la Guerra fría como punto álgido de crisis y derramamiento de sangre". Y añadió una reflexión. "A medida que las personas definen su identidad en términos étnicos y religiosos, es probable, que perciban su relación con personas de etnia o religión distintas, como una relación de nosotros contra ellos". Esta reflexión hiela la sangre cuando hemos presenciado en suelo europeo el genocidio de los Balcanes en la década de los 90 y asistimos al genocidio del EI, la actividad terrorista de Al Quaeda,....y el atentado terrorista contra "Charlie Hebdo".

El choque no es el futuro. Los valores de ciudadanía y de respeto a los derechos humanos inalienables es el único horizonte. El islam desde la perspectiva de la religión y de la convivencia civilizada es enriquecedor porque lo ha demostrado a lo largo de la historia. Es recomendable una lectura del trabajo sobre el "Islam, Historia, Presente y futuro" de Hans Kung.

Y situar al islam y el mundo árabe en la agenda de preocupaciones estratégicas de Europa una necesidad, tal y como señalan los innumerables análisis de una autoridad mundial sobre el mundo árabe y el Islam, como es el actual Rector Emérito del Instituto Pontificio de Estudios Árabes e Islámicos, Dr. Justo Lacunza.

El atentado terrorista del 7 de Enero del 2015 queda marcado en la retina y el dolor de los familiares y amigos de los asesinados. También queda marcado como un hito de dolor en la larga historia de la defensa de los valores de la ciudadanía democrática que surgió tras la Revolución Francesa de 1789. Y también es un golpe duro de atención de que al monstruo de la intolerancia que anida permanentemente en las sociedades humanas se le combate desde la Democracia y desde políticas activas que integren en la ciudadanía a ciudadanos desposeídos de su ilusión por disponer de oportunidades vitales. Contra el monstruo, los valores de la República. Y una imagen, el canto de la Marsellesa en la final del Mundial de Fútbol de 1998 en el Stade de France por parte de una selección configurada por franceses de diferente origen y color y unidos por un himno que refleja el sentir de la República.

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