La guerra de sanciones económicas y el nerviosismo de los mercados financieros

"Esta es una nueva forma de guerra que no es ni guerra física ni guerra fría, es una nueva forma de guerra en la que no hay declaración formal, ni países no alineados, te alinea una de las partes con sus decisiones sancionadoras. Hemos visto como en nuestro caso español a las primeras de cambio nuestra agricultura hortofrutícola se ha visto severamente dañada."

Estamos en un momento francamente delicado. En una entrada reciente en este mismo blog, “Atención a los riesgos actuales en los mercados financieros” (15/7/2014), alertaba de los riesgos que suponían los niveles actuales de precios en todos los mercados, y el peligro que podía suponer la subida de tipos de interés derivada de la incipiente recuperación. Después de los últimos datos de crecimiento e inflación en Europa el problema parece que no es este, es peor.

La incipiente recuperación puede no ser tal. Las cifras negativas de crecimiento en Alemania en el último trimestre, tocada por la caída de exportaciones por la falta de crecimiento en la demanda del resto de países europeos principalmente, el estancamiento en Francia e Italia, sin que se visualice la implantación de las medidas estructurales necesarias para que se produzca el cambio de tendencia, el mantenimiento de las tasa de inflación sensiblemente por debajo del objetivo de política monetaria del BCE, y descendiendo, hacen que el optimismo que se generó con las cifras de final del primer trimestre se haya evaporado.

El principal indicador del sentimiento del mercado, que como no me canso de repetir son sus propias actuaciones, sigue indicándonos tozudamente la misma dirección: Muy poca confianza en el futuro. La rentabilidad del bono alemán a 10 años ya ha caído del 1% por primera vez en la historia. ¿Alguien puede imaginarse que esto pueda significar el inicio de un futuro prometedor?

Si a los problemas económicos añadimos la situación geopolítica, los elementos de preocupación son aún mayores. Por cínico que parezca, no tanto por los numerosos focos de guerra que hay en el mundo, y que según un reciente informa de JP Morgan estarían afectando al 11,7% de la población mundial, al 9% de la producción de petróleo, y al 3% del GDP mundial, pero solo al 0,8% de los beneficios empresariales y al 0,7% de la capitalización bursátil mundial. Lo que realmente ha impactado en el sentimiento y en la cotización de los mercados ha sido la escalada que está teniendo el conflicto de Ucrania y la consecuente escalada de sanciones y guerra comercial de Occidente con Rusia.

Esta es una nueva forma de guerra que no es ni guerra física ni guerra fría, es una nueva forma de guerra en la que no hay declaración formal, ni países no alineados, te alinea una de las partes con sus decisiones sancionadoras. Hemos visto como en nuestro caso español a las primeras de cambio nuestra agricultura hortofrutícola se ha visto severamente dañada y el impacto potencial sobre otros sectores exportadores, con fuertes inversiones en la zona, o destinadas a generar ventas en la zona, no es despreciable.

Si esta escalada realmente continúa y se hace duradera, no significará un incremento sustancial de la población mundial afectada por un conflicto armado pero si impactará en el porcentaje de beneficios empresariales y en el de la capitalización bursátil mundial afectada, y a esto si le teme realmente el mercado. Y le teme por dos motivos diferentes:

El primero es porque no sabe cómo valorarlo.

  • ¿Cuánto va a durar?
  • ¿A quién va a llegar a afectar a lo largo de toda la cadena de suministro de los afectados principales?
  • ¿A que otros sectores y países puede llegar un potencial incremento en la escalada?

El segundo es que, por ser una situación tan novedosa, no se sabe cómo puede acabar ni quien puede al final tener más capacidad de resistencia. Las dos partes tienen sus propias debilidades y ambas intentaran cubrirlas acudiendo a nuevas fuentes de suministro inicialmente menos vulnerables al régimen de sanciones de la parte contraria, con lo cual se producirían nuevos alineamientos involuntarios, extendiéndose el conflicto comercial. ¿Hasta dónde?, ¿Quién puede en términos empresariales caer por el camino?

Estas preocupaciones van más allá de las que estamos acostumbrados a escuchar: ¿Están los gobiernos haciendo lo que deben en materia de política fiscal? ¿Está reaccionando el BCE con la energía necesaria ante el riesgo cada vez más próximo de recesión y deflación simultanea? No digo que estas preocupaciones no sigan estando vigentes, pero los acontecimientos de este mes de agosto nos están llevando más allá. Nos están llevando al inicio de algo que si no actuamos con la inteligencia suficiente podría llegar a ser la Primera Confrontación Económica Mundial. Como no han dejado de recordarnos en estos últimos meses, hace 100 años también había muchos que, pocos meses antes de que empezara, no creían posible una confrontación bélica como la que hubo.

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