La importancia estratégica de Yemen

"Yemen es también importante porque comparte con Irak el dudoso honor de ser los dos campos de enfrentamiento abierto entre los sunnitas que lidera Riad y los chiítas que lidera Teherán."
Jorge Dezcallar 07/04/2015

Yemen me parece uno de los países más pintorescos del mundo. Su capital Sanaa tiene rascacielos medievales de diez pisos con ventanas decoradas con artísticos dibujos y su segunda ciudad, Adén, está construida en la caldera de un viejo volcán invadida por las aguas del océano Índico. Allí la sensual reina de Saba seducía al sabio rey Salomón cuando el país nadaba en la abundancia con el comercio de incienso y especias. Pero eran otros tiempos porque Yemen, con 26 millones de habitantes, es hoy uno de los países más pobres del mundo: ocupa el nada envidiable puesto 185 en la clasificación mundial de la riqueza, tiene una renta de apenas 2.500 dólares, el 45% vive por debajo del umbral de la pobreza y el 63% tiene menos de 24 años. Además, un 65% son sunnitas y un 35% chiítas. Un cóctel explosivo que ha desembocado en una guerra civil. Aprovechando el desmadre se ha instalado allí el grupo terrorista Al Qaeda de la Península Arábiga (AQPA) que comete mortíferos atentados por toda la región. No es un lugar que apetezca visitar en estos momentos y cabe preguntarse las razones por las que el mundo da tanta importancia a lo que allí ocurre.

Los houthis son una tribu chiíta que ha ocupado Sanaa obligando al presidente Hadi a huir a Arabia Saudita, que está muy preocupada por varias razones: la primera es que a nadie le gusta tener un Estado fallido como vecino. La segunda es que tiene con Yemen una frontera de 1.500 kilómetros muy porosa por donde se le meten los terroristas y la situación podría empeorar si también el Estado Islámico pone el pie allí, como intenta. La tercera es que tiene cerca pozos de petróleo que podrían ser atacados. La cuarta es que ve a Irán apoyando la rebelión de los houthis y teme que en el futuro pueda apoyar también a la pequeña población chiíta dentro de sus propias fronteras, como en su día apoyó a los chiítas de Bahrein. La quinta es que si Irán dominara Yemen, la primera potencia sunnita (Arabia) concedería a la primera potencia chiíta (Irán) una ventaja estratégica muy considerable como demuestra un simple vistazo a cualquier mapa. Y la sexta es que Yemen domina el estrecho de Bab el Mandeb (la Puerta de las Lágrimas) que es la vía de comunicación del Mar Rojo con el océano Índico. Este estrecho entre Yemen, Yibuti y Eritrea tiene 18 millas de ancho pero los buques solo usan unos corredores de dos millas para entrar y salir, lo que lo hace muy vulnerable. Por él pasa todo el petróleo saudí encaminado hacia Europa (la alternativa es circumnavegar África), todo el tráfico del Canal de Suez y todo el comercio del puerto de Yedda. Si alguien estrangula Bab el Mandeb pone de rodillas a medio mundo y si al mismo tiempo Teherán interfiriera el tráfico por en estrecho de Ormuz, bloqueando el Golfo Pérsico, sería el mismo planeta el que estaría de rodillas pues por esa ruta marítima circulan el 30% del petróleo y el 30% del gas liquificado. A nadie le interesa que un mismo país pueda controlar ambas vías marítimas.

Aparte de la estrategia, Yemen es también importante porque comparte con Irak el dudoso honor de ser los dos campos de enfrentamiento abierto entre los sunnitas que lidera Riad y los chiítas que lidera Teherán. Los chiítas solo son el 10% de los musulmanes, pero Irán ya tiene mucha influencia en la media luna que va desde Teherán hasta Líbano pasando por Palestina, Siria e Irak a través de aliados como Hezbollah, Hamas, los alawitas de la tribu de Bachir al-Assad, o los mismos chiítas tradicionalmente sojuzgados en Irak a pesar de ser la mayoría del país. Permitir a Irán asentarse en Yemen no entra en los planes de Riad y menos aún en la perspectiva de un posible pacto de Teherán con los EE UU que ponga fin a sus veleidades de dotarse del arma nuclear a cambio del fin de las sanciones y de su reintegración al juego de la geopolítica regional en un contexto en el que la política americana ha perdido prestigio y fiabilidad.

Prestigio, porque los americanos no ocultan el cansancio que les producen sus responsabilidades imperiales. Obama le llama "strategic restraint" y le añade el deseo de que otros compartan los costes de la seguridad colectiva ("burden sharing"), dirigiendo ellos "desde atrás" y reservándose la posibilidad de intervenir en el caso de ver sus intereses directamente amenazados. Fiabilidad, porque hay bastante de errático en la política seguida por Washington desde que dejó caer a Mubarak en lo que las reaccionarias monarquías del Golfo vieron una traición. Esa política errática se ha manifestado en Irak, en Afganistán, en Siria, con Israel y con el mismo Estado Islámico. No se fían y por eso ante el riesgo de que se asiente en Yemen un aliado de Teherán, el nuevo rey saudí Salman ha montado una coalición para impedirlo y en ella participan aliados como Marruecos o Pakistán, lo que da idea del grado de preocupación de los sunnitas. Con los bombardeos sobre los houthis, Riad muestra que tiene la voluntad política y la capacidad militar de actuar cuando siente que sus intereses están amenazados. Es un cambio que gusta en Washington. Y mientras todo esto ocurre, los europeos somos una vez más espectadores. Como si tuviéramos todo el petróleo del mundo.

Añade un comentario

Tienes que estar identificado para poder comentar. Puedes hacerlo mediante tu cuenta de Twitter o Facebook. A continuación tu comentario será moderado hasta que se verifique tu identidad.