Obama/Castro: El tránsito de la guerra fría al siglo XXI

"El hemisferio americano no puede consolidarse como un teatro de operaciones del pasado y entre tanto la presencia silenciosa y "amable" de China lo convierte en un actor más que relevante de la región. No estamos ante un tema menor y menos para los intereses de EEUU, pero para Europa tampoco lo es."

La imagen del encuentro entre el Presidente Obama y el Presidente Raul Castro, ha puesto en un primer plano uno de los últimos flecos del viejo mundo de la Guerra Fría. Ha abierto la puerta de la esperanza para un escenario más normalizado en la geopolítica y geoeconomía del hemisferio americano.

El encuentro de Raúl Castro y el Papa Francisco es otro paso más en el restablecimiento de la normalidad en las relaciones con Cuba y visualiza el papel de la Iglesia en el proceso de normalización emprendido. Es bueno recordar que la diplomacia vaticana nunca hace alardes de escenificación innecesarios, juega siempre un papel de extrema discreción, ha estado muy presente en la historia social y política del hemisferio americano... y la Iglesia a través de sus diferentes sensibilidades ha estado presente en la convulsa historia contemporánea de América Latina. Cuba y EEUU lo saben muy bien.

El encuentro entre Obama y Raúl Castro me ha traído el recuerdo del análisis que, allá por 2010, hizo Peter Hakim (actual Presidente emérito del Inter-American Dialogue) en el que mostraba su decepción por el resultado de la política de Obama hacia Latinoamérica, tras la ilusión que generó la Quinta Cumbre (2009) y su proclamada "asociación de igualdad" con  Latinoamérica, que conllevaba la ilusión de un " cambio" que a muchos latinoamericanos, trajo la esperanza, al creer que  "EEUU se interesara más en Latinoamérica".

Sin embargo desde el 2010 el mundo ha evolucionado de manera brutal, nada mejor dicho, y el deshielo entre Cuba y EEUU es fruto de la necesidad mutua y hay demasiados problemas que necesitan solución como para que la desesperanza tome cuerpo, porque eso tendría consecuencias imprevisibles. Y ninguna buena. No solo para Cuba, sino también para EEUU porque América Latina mirara a su Oeste y encontrara un socio, China, que sabe desenvolverse en geografias económicas políticamente complejas y entornos político-institucionales en el extraradio de las normas del mundo democrático occidental.

La Administración demócrata esta siendo consciente de la nueva geografía política que se esta abriendo en la sociedad internacional y la influencia creciente de China en el Rimland de Eurasia (Véase el interesante trabajo de Nicholas J.Spykman, The Geography of the Peace) y su impacto en los intereses vitales de EEUU.

Al mundo occidental no nos es ajeno la implacable estrategia de apropiación de recursos naturales por parte de China en diferentes regiones del mundo, como África y el hemisferio sur americano, posicionandolo como actor relevante de esas geografias políticas. Tampoco podemos abstraernos de los recursos financieros que esta movilizando para el logro de dichos objetivos en forma de inversiones directas, préstamos, creación de instrumentos financieros con vocación global más allá del hábitat construido tras Bretton Woods, etc. Y en consecuencia es lógico que los demócratas valoren el riesgo, para el corazón de los intereses vitales de EEUU, de no tener una nueva mirada para su política exterior alejada de los tics de la Guerra Fría.

En este contexto y para reafirmar la esperanza, es pertinente traer también a nuestra memoria, Henri Kissinger ("maestro" donde los haya y heredero de los académicos internacionalistas europeos, de origen judío y por tanto obligados al exilio por el antisemitismo y el exterminio nazi, que tanto influyeron en la política exterior americana contemporánea y que tuvo su máximo exponente en Hans Morgenthau) por muchos motivos (algunos han marcado la historia contemporánea de Latinoamérica como teatro de operaciones sangriento de la Guerra fría )  pero más concretamente por su reciente libro (World Order, New York, NY, Penguin Press, 2014). Su argumento central, China y EEUU constituyen los dos pilares del orden mundial del futuro.

Efectivamente un nuevo orden internacional esta naciendo y a lo largo de la historia, el alumbramiento ha conllevado graves sufrimientos humanos y ahora este tiene singularmente características de guerras climáticas. Estamos en un mundo especialmente delicado. Por eso EEUU se ve obligado a una nueva mirada en su política exterior y el restablecimiento de las relaciones con Cuba es un bálsamo de realismo para abordar con rigor una asignatura pendiente que le mediatiza su visión estratégica.

China es un actor relevante en América Latina solo basta recordar su importante volumen de inversiones en la región , su presencia activa en términos comerciales (según la CEPAL sus flujos comerciales representarán el 19,3% el 2020 y desplazara a la UE como segundo socio comercial). Y más recientemente los términos económicos manejados  por el Primer Ministro de China, Lí Keqiang, en su visita  a Brasil, con cifras (50.000M$) y proyectos (infraestructuras que conectan la costa atlántica de Brasil con la costa del Pacífico de Perú) que entran en el corazón de la puesta en valor comercial del hemisferio sur americano y donde la sensibilidad ambiental tiene la mirada singular de China y la benevolencia de una potencia regional como Brasil, enfrascada en su idea  de que América Latina no es un continente de Estados Unidos, pertenece a una docena de países, liderados por ellos. La política exterior de Brasil entronca con el nacionalismo brasileño y su continúa esperanza de ser una potencia regional con vocación global. China lo ha comprendido a la perfección.

La estrategia política lanzada por Xi Ping, en clave exterior, se materializa en un comportamiento como potencia mundial de China, visualizada, por él mismo, en la imagen de  un León agradable, pacífico y civilizado que se ha despertado. No creara problemas. Pero tampoco tiene miedo a los problemas.

En este  contexto el cambio en la posición de los EEUU con respecto a Cuba, me hace abrigar la esperanza de que la decepción del 2009 será una cuestión del pasado. Y me preocupa la distancia de Europa y más concretamente el silencio espeso de España, más allá de declaraciones simbólicas.

El hemisferio americano no puede consolidarse como un teatro de operaciones del pasado y entre tanto  la presencia silenciosa y "amable" de China lo convierte en un actor más que relevante de la región. No estamos ante un tema menor y menos para los intereses de EEUU, pero para Europa tampoco lo es. En este sentido la normalización emprendida por Obama con Cuba no es un asunto de justicia histórica, es fruto de una visión realista. Y lo mismo sucede con Raúl Castro, este sabe que el futuro de la isla y su régimen solo puede evolucionar desde la normalización de las relaciones con EEUU que le permita una reorientación de su estrategia tanto hacia el exterior como al interior.

El proceso solo ha comenzado y le espera un recorrido complejo, como todo proceso de estas características que tienen un componente de transición Interna e impacto regional. Hablar con Cuba  no solo implica conversaciones sobre la normalización de las relaciones  y su impacto en el ecosistema político, económico y energético del Caribe, es tener en el horizonte la presión para la salida al conflicto histórico de la guerrilla en Colombia, es abordar la solución  al actual esperpento doloroso en el que ha sumido Maduro a Venezuela, es evaluar el silencioso pero inquietante mundo que Daniel Ortega ha impuesto en Nicaragua, es encauzar el riesgo que supone para la región de América Central el protagonismo creciente de la delincuencia organizada, etc etc. Y también implica que las viejas recetas que llevaron a América latina a una época histórica oscura, dura, sangrienta e injusta económica y socialmente, no puedan volver.

Cuando uno contempla el presente de América Latina, le resuenan como del pasado los alegatos de Helder Cámara... pero no, siguen. Estos, lo expuso de manera clara, referidos a México pero asimilables al conjunto de América Latina, el Secretario de Hacienda de México, Videgaray cuando presentó el Pacto por México el 8 de Septiembre del 2013. Alegatos que hablan con crudeza de la sangrante diferencia social que todavía perdura y la necesidad de abordar un programa de modernización orientados a reivindicar lo que para nosotros en la Unión Europea esta en nuestro acervo vital como la educación, la asistencia sanitaria, la prestación del desempleo, la responsabilidad fiscal, la formación y la educación como puerta a una economía productiva y la consolidación de la clase media. En definitiva el objetivo de unas instituciones que impulsen y encaucen una sociedad de bienestar donde las oportunidades vitales no sean solo un botín de una oligarquía extractiva.

La normalización es una oportunidad para Europa y así lo ha empezado a visualizar Francia. Es momento de lanzar un Programa ambicioso de colaboración industrial y tecnológica, movilización de talento, modernización de sus bases productivas; y de compartir experiencias para que el acervo europeo sirva para la cohesión social en la región y  los jóvenes puedan materializar sus oportunidades vitales. La Cumbre UE/CELAC del 10/11 de Junio próximo es una oportunidad para que Europa no se aleje de un continente vital y disponga también de posición en una región de sobrada fortaleza energética. Aunque sea por interés, porque no es un dato menor la turbulencia del DAESH, que en forma de ciclón, ha convertido la región de Oriente Medio en un riesgo mas que significativo.

Estos últimos años de estabilidad democrática y crecimiento sostenido ha dado cuerpo a una comunidad latinoamericana de ciudadanos que  tienen hambre de futuro y no quieren revivir la pesadilla de los golpes militares y de la violencia revolucionaria, quieren vivir en un espacio político - institucional y social donde desarrollar sus oportunidades vitales porque saben que pertenecen a una tierra rica en recursos, hay una clase media que ve con preocupación que el abismo histórico de las desigualdades sociales, no se estrecha con el suficiente vigor y apuesta por una economía productiva que de cuerpo a los deseos de oportunidades vitales de una demografía joven.

Un nuevo horizonte está ante nosotros y a Europa no le conviene alejarse de la evolución de América Latina. España tiene la responsabilidad de construir un Pacto de Estado, más allá de coyunturas electorales, para liderar las relaciones de Europa con el CELAC. Y en este Pacto las  empresas españolas, líderes en sectores claves como la energía, el abastecimiento de aguas, telecomunicaciones,...tienen que ser actores dinámicos porque su consolidación en la panregion latinoamericana está directamente relacionada con su papel activo en la consolidación de una economía productiva con sólidas  bases industriales y su papel motor en la creación de oportunidades vitales para los jóvenes. Y Europa es el músculo necesario para poder afrontar en condiciones la competencia de China y EEUU como socios de la comunidad latinoamericana y ser atractivos para sus sectores más dinámicos. El acervo europeo es nuestra ventaja competitiva, no un lastre. Y Cuba el incentivo  para el cambio necesario que ponga el foco de Europa en una comunidad latinoamericana, rica en recursos y con una demografía atractiva, como socio de interés. Este es un asunto estratégico de primer orden para España.

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