Paraguas revueltos

"Hasta ahora China y Hong Kong se han entendido bastante bien. La ex colonia es la segunda plaza financiera de Asia (solo detrás de Tokio) y el principal puerto de entrada de inversiones y divisas en China, mientras que Beijing canaliza por allí el 11% de su comercio internacional. Pero este entendimiento puede no ser eterno."
Jorge Dezcallar 08/10/2014

Más de uno podría aprender de esos manifestantes con paraguas que dedican tanto tiempo a evitar las mangueras y gases de la policía como de no pisar el césped y a recoger sus residuos en bolsas de plástico diferenciadas para luego reciclarlos. Visité el campamento del 15M en la Puerta del Sol de Madrid en 2011 y no era exactamente lo mismo.

La gente empezó a manifestarse en Hong Kong el pasado 26 de septiembre cuando se sintieron engañados por las autoridades de Beijing que se habían comprometido a instaurar el sufragio universal en la colonia a partir de 2017 pero que ahora añaden la pequeña condición de dejar elegir libremente al nuevo Jefe Ejecutivo entre una terna previamente aprobada por el Partido Comunista Chino. Los hongkoneses se sienten engañados con razón y se han lanzado a las calles bajo el slogan "recuperemos Central con paz y amor". Decididamente los chinos son diferentes. Cuando la policía reaccionó con brutalidad solo consiguió hacer crecer un movimiento democrático de pacífica desobediencia civil. Como los manifestantes se protegen de las mangueras y gases policiales con paraguas se ha dado en llamar la ´Revolución de los Paraguas´ a lo que allí ocurre, como los portugueses hicieron la de los claveles a base de ponerlos los fusiles de los soldados.

Pero sería muy miope quedarse ahí porque lo que ocurre en Hong Kong es reflejo de un problema mucho más profundo que tiene que ver con China. Mao fue un visionario implacable que acabó con sus enemigos (y con millones de chinos) con políticas tan equivocadas como el Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural, pero que tuvo la virtud de rodearse de dos personas muy inteligentes: Zhou Enlai que administró sus errores lo mejor que pudo y Deng Xiaoping que cambió la dirección del país en cuanto desapareció el Gran Timonel para establecer un régimen de dictadura política en manos del Partido Comunista y de capitalismo (con límites) en el ámbito económico, lo que llamó "un país con dos sistemas". Yo estaba en Beijing el día que murió Deng, el 9 de noviembre de 1989, y me fui con nuestro embajador en China a pasear por la ciudad a las cinco de la mañana y pude constatar en la gente con la que hablamos (con intérprete) que a nadie le importaba un pito la democracia (¿cómo iba a importarles lo que nunca habían conocido?) pero que todos querían que no se alterara el rumbo económico, independientemente de quién se hiciera con el poder. Como el mismo Deng decía, no importa que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones y los chinos estaban de acuerdo, mientras compañías de soldados patrullaban las calles aquel amanecer y en Tiananmen una enorme pancarta electrónica contaba los días, horas, minutos y segundos para la retrocesión de Hong Kong a China.

Los británicos impusieron la cesión de Hong Kong por el tratado de Nankin (1842) que puso fin a la primera guerra del Opio, hecha para forzar a los chinos a fumar la droga que ellos producían en la India. Una vergüenza más del colonialismo británico que ha sido pródigo en ellas. Al finalizar el plazo de la cesión el Reino Unido hizo las maletas sin la menor consideración por la suerte de los 7 millones de chinos que allí quedaban, en contraste con el respeto que dicen profesar por la voluntad de los llanitos de Gibraltar. Claro que España no es China y los llanitos son apenas 30.000 y con ellos se puede mantener una ilusión de imperio a un precio asequible.

Hasta ahora China y Hong Kong se han entendido bastante bien. La ex colonia es la segunda plaza financiera de Asia (solo detrás de Tokio) y el principal puerto de entrada de inversiones y divisas en China, mientras que Beijing canaliza por allí el 11% de su comercio internacional.

Pero este entendimiento puede no ser eterno y los capitales, que tienen terror a la incertidumbre y a los desórdenes, podrían emigrar a Singapur o a Tokio si la situación se descontrola. El dinero ha traído también a Hong Kong una peligrosa burbuja inmobiliaria pues los precios han subido 300% en los últimos diez años. Por otra parte, China tiene muchos problemas internos (este año "solo" crecerá a un 7,5% lejos de los dos dígitos de hace muy poco, su economía se sobrecalienta y ya se habla de un credit crunch de imprevisibles consecuencias) y además no puede permitir que estos deseos de más democracia prendan en otros lugares con serios problemas de separatismo como Xinjiang y Tibet. Porque con el desarrollo económico vienen siempre demandas de mayor libertad política y en esto China no es una excepción. Por eso lo que pasa estos días en Hong Kong es ocultado por la censura al resto del país

En mi opinión hay razones para que la sangre no llegue al río y se logre algún tipo de acuerdo que dé cierta satisfacción democrática a los habitantes de Hong Kong sin poner en riesgo sus dineros, y que al mismo tiempo impida que sus exigencias de mayor democracia se extiendan a otros lugares de China, algo que el régimen comunista no puede tolerar ni va a tolerar. Recuerden Tiananmen, que nadie se haga ilusiones. Pero las últimas noticias hablan de enfrentamientos y hay que ser cautos porque una revuelta se sabe cómo comienza pero no cómo termina.

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