Política industrial o Disneylandia

"El asunto Alstom está ofreciendo datos muy relevantes sobre la estrategia industrial europea y las debilidades estructurales de su política industrial. Además, nos pone ante el espejo de una realidad industrial en fuerte proceso de mutación tanto en el plano doméstico europeo como internacional"

La toma de control de la división de Energía de Alstom es uno de los sucesos con calado estratégico en el panorama industrial europeo. Ha puesto en un primer plano el debate sobre la soberanía industrial en los sectores estratégicos industriales europeos. La crisis que comenzó en Agosto del 2007 esta dejando al descubierto las cuestiones de fondo de una sociedad internacional compleja y turbulenta como es la de este siglo XXI y más concretamente nos trae el interrogante de las nuevas formas de poder industrial y tecnológico. En este contexto, una visión rígida del principio de la libre concurrencia en el seno de las Instituciones Comunitarias es un paradigma que no ha tenido el suficiente contrapeso y complemento en la búsqueda de un poder tecnológico e industrial fuerte de Europa. Y esta manera desequilibrada de abordar una política económica común que refuerze la histórica fortaleza tecnológica e industrial de Europa ha debilitado hasta límites preocupantes la solidez de sus cimientos. Algunas formas de interpretar los criterios para velar por un mercado competitivo no han tenido el necesario equilibrio entre política de la competencia y política industrial. El libre mercado en un entorno global poco tiene que ver con la visión de un mercado global en formato Disneylandia.

En Europa vamos demasiado lentos en nuestra aclimatación tecnológica e industrial a los desafíos de una economía que ya esta dentro del siglo XXI. En contraposición vemos como otros bloques regionales llevan tiempo estructurando su fortaleza tecnológica y las bases de su soberanía industrial con la musculatura necesaria a las demandas de la nueva economía mundo. Traigo a colación el asunto Alstom porque esta ofreciendo datos muy relevantes sobre la estrategia industrial europea y las debilidades estructurales de su política industrial. Además, nos pone ante el espejo de una realidad industrial en fuerte proceso de mutación tanto en el plano doméstico europeo como internacional. Y nos informa, aunque sea reiterativo, sobre la importancia de equilibrar la perspectiva de la política de la competencia con un foco mucho más intenso orientado a reforzar la política tecnológica e industrial europea.

Al hilo de este asunto recomiendo vivamente escuchar las comparecencias de Arnaud Montebourg en la Comisión de Asuntos económicos de la Asamblea Nacional de Francia, del 30 de Abril y del martes 24 de Junio respectivamente. Así mismo la del PDG de Siemens (Joe Kaeser) y de Mitsubishi Heavy Industries, MHI (Sumichi Miyanaga), el 17 de Junio. Y para concluir las comparecencias la del 27 de Mayo del PDG de General Electric GE (Jeffrey R. Immelt) y del PDT de Siemens France (Christophe de Maistre). Sus contenidos no tienen desperdicio y máxime ahora que nos lanzamos en España a nuestro propio programa de renacimiento industrial. Algo muy serio flota en el hábitat de todo este espectáculo y más concretamente en el ámbito energético, más allá de la dificultad de traducir en un proyecto industrial solido el proyecto de transición energética lanzado por el eje franco alemán en Febrero de este año, por ejemplo. De un lado, las necesidades energéticas del mundo exigen disponer de una base tecnológica sólida en todas las fuentes de energía tanto en las convencionales como las nuevas. El sector energético esta evolucionando de tal modo que es difícil abstraerse de la sensación sobre la naturaleza de los cambios históricos que están ante nosotros, tanto en términos de producción como de organización del sistema. Esto tendrá, más pronto que tarde, un impacto significativo en la organización del mercado, en la prestación del servicio y como no, en la visión y organización del negocio de las empresas energéticas históricas. Un renacimiento de la columna vertebral que estructura la eficiencia del mercado energético. Y en consecuencia una apuesta por la fortaleza tecnológica y su desarrollo industrial.

De otro, la dimensión de la nueva economía mundo y sus necesidades de demanda energética exigen músculo tecnológico y sobre todo músculo financiero y corporativo. De ahí, que la apuesta de GE y MHI, por la división de Energía de Alstom, es una decisión lógica por parte de estas compañías y sus países respectivos, porque, a diferencia de nosotros, los europeos, tienen estrategia, visión industrial, una comprensión de la sociedad Internacional y en consecuencia la decisión de seguir siendo líderes tecnológicos e industriales.

En contraposición, comprobamos en nuestras carnes, como Europa, carece de estrategia y sus carencias en la gobernanza económica y la política exterior y de seguridad común, nos esta situando en un aislacionismo que debilita estructuralmente nuestra fortaleza tecnológico industrial. Sin embargo, lejos de empezar a construir, estos dos últimos meses hemos presenciado dos visiones y dos modos de afrontar el dossier Alstom.

Siemens (Alemania), que lejos de tener una posición alineada con el objetivo político plasmado en la cumbre franco alemana de Febrero, la construcción del Airbus energético, tiene una posición de europeismo forzado y pone en valor una alianza con MHI (Japón) previa a la alianza/compra de Alstom. Su esquema, según lo presentado el 16 de Junio, se estructuraba del siguiente modo: Siemens se hacía con la división de las turbinas de Gas; MHI crearía tres empresas con Alstom, filializandolas, centradas en las turbinas de vapor, redes eléctricas e hidráulica y donde MHI tendría un 40%, 20% y 20% respectivamente. Y la invitación al Estado de entrar en el capital (alrededor del 10%).

Huelga cualquier comentario sobre este reparto porque tiene la virtud de ser muy clara y la perspectiva/contenido de la alianza nos confirman algunas pistas sobre los intereses estratégicos industriales de Alemania y estos no pasan, por ahora, por un proyecto común europeo y euroatlantico. Sin haber organizado lo de "casa", sin tener estructurado y consolidado su interés nacional en Centroeuropa... En definitiva sin tener consolidado la confluencia de sus intereses con los de la Unión, cualquier proyecto sobrevenido como el de GE y Alstom no entra en la agenda de prioridades, pero me imagino que tampoco olvidan, en este caso, la figura del PDG de Alstom, Patrick Kron.

En este escenario, es pertinente no olvidar la perspectiva de la estructura de su entramado industrial y sus raíces en los lander, la sólida estrategia de preservación de la industria nacional del complejo financiero industrial de Alemania, el valor cualitativo de la alianza con MHI en el entorno de la estrategia de las conversaciones para el acuerdo comercial entre la UE y Japón ,el interés de las empresas japonesas por alianzas europeas,..porque todas ellas nos indican que la política industrial europea está ante Política industrial o Disneylandia.un "desafío apasionante", parecido al de una montaña rusa, y sin dirección en la sala de máquinas o más peligroso, con una dirección parecida al del camarote de los hermanos Marx. GE, comprobamos como el movimientobrevenido como el de GE y Alstom no entra en la agenda de prioridades, pero me imagino que tampoco olvidan, en este caso, la figura del PDG de Alstom, Patrick Kron.

En este escenario, es pertinente no olvidar la perspectiva de la estructura de su entramado industrial y sus raíces en los lander, la sólida estrategia de preservación de la industria nacional del complejo financiero industrial de Alemania, el valor cualitativo de la alianza con MHI en el entorno de la estrategia de las conversaciones para el acuerdo comercial entre la UE y Japón ,el interés de las empresas japonesas por alianzas europeas,..porque todas ellas nos indican que la política industrial europea está ante un "desafío apasionante", parecido al de una montaña rusa, y sin dirección en la sala de máquinas o más peligroso, con una dirección parecida al del camarote de los hermanos Marx.

GE, comprobamos como el movimiento de ficha de Patrick Kron, ha ejercido de catalizador de la visión GLOCAL de GE, le ha permitido optar por el liderazgo energético en el partenariado Atlántico y en consecuencia apostar por la división de energía de Alstom tanto en términos de precio (12.350M€) como estructura corporativa y de negocio. Su disposición a dar entrada al Estado como un accionista relevante, no es una cuestión estridente, no violenta de ningún modo. Los términos del acuerdo, más allá de la entrada del Estado en el capital, tras una negociación a tres bandas (Estado/GE /Bouygues), son también interesantes. El Estado tiene derecho de veto sobre las turbinas que equipan las centrales nucleares. GE cede a Alstom su actividad de señalización ferroviaria. Se compromete a consolidar la sede social en Francia de las divisiones mundiales de GE, de redes, eólica marina, hidroeléctrica y turbinas de vapor. En definitiva la opción de compra inicial de la división de energía de Alstom se ha convertido en una operación de política industrial con recorrido en el partenariado Atlántico energético.

En este panorama de recomposición del mapa industrial europeo, con el foco puesto en la evolución del sector energético; en España, una vez más, estamos con el foco puesto en el mundo de ayer y en consecuencia un cuerpo industrial demasiado pequeño y débil para jugar en la liga europea. Si uno contempla la estructura empresarial del sector industrial español centrado en el sector eléctrico, la falla creciente entre las políticas de innovación y la política industrial, la escasa dirección política para que la industria energética y la industria de bienes de equipo y componentes converjan en proyectos estratégicos de interés mutuo, la incapacidad en "invitar" a procesos de consolidación industrial,.... es lógico, que a uno le entre el desasosiego, porque ve el riesgo real de dilapidar lo construido con esfuerzo por ausencia de gestión estratégica de nuestras fortalezas.

Estamos llegando a un punto crítico y cualquier plan de renacimiento industrial que no este centrado en medidas cualitativas es un ejercicio político de consultoría que poco servirá para centrar y mover los auténticos desafíos de la industria energética española. El dossier Alstom es un dato más de la cadena de avisos sucesivos que nos esta dando el mercado. Y no queremos darnos por enterado. La política, porque esta lejos del terreno industrial, tiene poco sentido de Estado y todavía tiene dificultades en comprender el mundo europeo e internacional. Y la industria, porque se esta apagando el espíritu empresarial de las terceras generaciones y/ o los gestores prefieren antes vender que colaborar en un proyecto común.

El sector energético y la política industrial son dos caras de la misma moneda. Y los movimientos que estamos presenciando con Alstom, pero también con otras compañías, están al hilo de la transición energética que se avecina. Y nosotros escasamente preparados para el examen que se avecina.

El marco normativo en el que se esta desenvolviendo la programación para la transición energética tanto en Francia como en Alemania, está en marcha. Véase por ejemplo el contenido de la propuesta presentada más recientemente por Segolene Royal en el consejo de ministros del 18 de Junio, comprobaremos una serie de pistas y todas nos conduce a un nuevo modelo energético. Y en este, las empresas industriales y el desarrollo de nuevas tecnologías adquieren un protagonismo relevante. No es un tema menor lo que esta sucediendo en el conglomerado tecnológico e industrial europeo. Y quiero creer que en esta legislatura europea la política tecnológica e industrial va a tener un foco preferente.

Una recomendación para el sector energético español. Difícilmente se puede hacer una estrategia de futuro sin entender y evaluar los cambios tanto en los términos geopolíticos como tecnológicos y de mercado energético. El bonsai es bonsai, nunca un roble.

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