Breves notas para la reflexión sobre el desafío de Europa en el nuevo contexto energético (*)

(*) Ponencia para el XI Encuentro del Sector Energético, celebrado en IESE Madrid el 13 de febrero de 2014.

Introducción

El título de este panel es un gran interrogante y nos introduce plenamente en el dilema de Europa. Y para ello traigo a colación, porque refleja muy bien el fondo de la cuestión, el título que el maestro Raymond Aron, en su obra "Las dimensiones de la conciencia histórica", dio a uno de sus capítulos. "Conocimiento del pasado y tensión hacia el porvenir". Y desde este reconocimiento, para aproximarnos a la cuestión, traigo a colación a otro gran maestro el profesor Dharendorf, cuando al hilo de una pregunta sobre cómo veía la ubicación geopolítica de Rusia, éste, amén de contestar que en su mapa de Europa no había sitio para Rusia, amplió su respuesta y expuso lo siguiente: La verdadera cuestión europea no está en sus límites, sino en el centro del continente.

En Alemania, entre 1945 y 1989, prosiguió, hemos vivido un periodo muy "artificial" de la historia europea. No cabe duda que en pocas líneas allá por 1991, el insigne profesor y antiguo comisario, apuntaba las dos cuestiones claves que están presidiendo la geopolítica europea y la construcción de la Unión Europea.  

Considerando los apuntes anteriores no me cabe duda que frente al vacío e incertidumbre generada por la crisis financiera y la inseguridad que nos provoca el "retorno del mundo", en palabras de Bertrand Badie, es pertinente y sano recuperar los valores que dieron cuerpo y fuerza a la Declaración de Schuman del 9 de mayo de 1950. Y dar continuidad a las palabras de Monnet: "No podemos detenernos cuando a nuestro alrededor el mundo entero se halla en movimiento"...porque.."los pueblos (europeos) deben aprender hoy a vivir juntos bajo normas e instituciones comunes libremente aceptadas si quieren alcanzar las dimensiones necesarias para su progreso y conservar el dominio de su destino".

Discúlpenme esta larga cita pero en ella se resume de dónde venimos y a dónde debemos de ir. Debemos de entender que la historia europea es una historia de civilización pero también una historia cruel que marcó a los padres fundadores de la Unión, unas personas que tuvieron entre sí un denominador común. Sufrieron las fronteras de Europa, porque nacieron y vivieron en territorios fronterizos.

Para aproximarnos a la cuestión que se plantea es conveniente tener la intendencia de la historia como soporte de la reflexión y poner en valor la geografía para entender la gobernanza global de la energía y la de Europa en particular.

La historia europea, desde la antigua Grecia, ha tenido un significativo componente eurásico y el espacio común Atlántico debemos de abordarlo desde la comunión de los valores occidentales.

La geografía nos debe obligar a tomar conciencia de la responsabilidad de Europa en su política de vecindad porque está colindante con zonas particularmente frágiles para su seguridad y el abastecimiento energético como Medio Oriente, África del Norte y Asia Central.

Al igual que en 1950, la energía sigue, 64 años después, estando presente en el corazón político de Europa. Y desde 2008 vivimos inmersos en una crisis que no sólo es financiera es política fundamentalmente. Y la energía y la industria son parte esencial para la salida de la crisis europea.

La historia vuelve pero la sociedad europea y la comunidad internacional tienen otra dimensión, pero la misma problemática fundamental de fondo que dio origen al Tratado de la CECA firmado el 18 de abril de 1951, entró en vigor el 23 de julio del siguiente año, que se siga construyendo, como afirmaba reiteradamente Monnet, entre los europeos el más vasto interés común y gestionado por instituciones comunes y democráticas. Y esta historia a pesar de las grandes dificultades, sólo tiene un horizonte: Seguir avanzando desde el reconocimiento del pasado para buscar las nuevas formas de organización del mañana.

Breves nota para el debate

1.- Recuperar el espíritu que dio origen a la Kennedy Round, cuando el Presidente americano propuso (enero 1962),  "una asociación comercial abierta entre los EEUU y la Comunidad Europea" y que se materializó en la Trade Expansion Act (octubre 62). Y la lección para nosotros es la respuesta de Europa, se dotó de una voz unida, bajo el liderazgo de una figura sólida como Jean Rey, que posteriormente fue sucesor de Hallstein en la Presidencia de la CEE.

La sociedad internacional ha evolucionado mucho desde entonces y la americana también, pero el núcleo de los "valores occidentales" permanece (que relativo es en la historia de la humanidad, los 231 años que discurren desde el Tratado de París de 1783) y el retorno del mundo hace conveniente que Europa y EEUU culminen la negociación emprendida para el Acuerdo transatlántico de Inversiones y Comercio (TTIP) y construyamos un gran mercado de 800 millones de personas.

Para Europa se abren interrogantes que entran de lleno en el corazón de su política común tanto en términos de construcción política como de competitividad, desarrollo tecnológico e industrial y cohesión social. El desafío del Acuerdo nos obliga a  avanzar con una voz común y asentar nuestras bases de competitividad y cohesión en la formación, la innovación tecnológica, el desarrollo industrial, la movilidad  y la consolidación de un mercado europeo integrado.

En consecuencia debemos de ser conscientes sobre la urgente necesidad de dotarnos de un liderazgo/voz común. El acuerdo transatlántico es una oportunidad para Europa en orden a recuperar posiciones en las relaciones con EEUU y poner en valor el papel estabilizador de Europa en la geopolítica de las zonas frágiles que la circundan.

2.- La energía, desde los orígenes del mundo civilizado, es un factor clave para el desarrollo humano y su dominio una fortaleza para competir en el mundo. De otro lado, aunque los tiempos de exuberancia financiera lo hayan ocultado, la energía es sinónimo de innovación tecnológica y desarrollo industrial. Si nos adentramos en la historia europea y de las relaciones internacionales, vemos, que la energía es su oxígeno principal. Y si visualizamos la geoeconomía planetaria vemos, que la sostenibilidad energética y la competitividad económica es una de las cuestiones centrales del presente siglo. En estas consideraciones anteriores sitúo los movimientos que se están protagonizando en el eje franco alemán.

El 30 de mayo del 2011 no es un día cualquiera ni para Alemania ni para Europa. Se acordó por el Gobierno de la Canciller Merkel la programación del cierre de las centrales nucleares en Alemania. Una decisión que, conociendo la historia antinuclear de la RFA y origen de los Verdes, pareciera lógica en un gobierno de coalición entre Schröder y Fischer y no tanto en la de la Canciller. La medida ha generado una convulsión en la política energética e industrial de Alemania e inquietud en el continente. Y los riesgos del coste de la energía en comparación con la industria norteamericana  han disparado las alarmas de los sectores industriales más clásicos. Sin embargo, tras esa decisión tan "demagógica e irreal" como se ha opinado a veces, está aflorando un calculado, o no, objetivo estratégico: La transición energética.

Una transición que tiene como visión apostar por la tecnología y la eficiencia energética. Y que no es muy diferente a las posiciones en materia de política energética que tras la crisis del petróleo de 1973 empezó a exponer la Comisión. Únicamente viene a añadir la cuestión central del clima y las emisiones de CO2.

Y nos lleva a un horizonte estratégico como el de la seguridad energética, que sigue viva hoy más que nunca, y se  complementa con la visión de afrontar la recuperación de la competitividad tecnológica e industrial de Europa.

Su importancia se constata con una somera lectura al extenso documento del Gobierno de Coalición suscrito por la CDU/CSU y la SPD. Lo que está sucediendo no es un tema menor para Europa, ni para su posición en el concierto internacional y mucho menos para la evolución de las relaciones atlánticas. Y así lo ha entendido también Francia y se ha manifestado a través de su Presidente Hollande en su comparecencia del 14 de enero último.

En consecuencia, la política energética una vez más se ha convertido en el motor que puede hacer avanzar el proceso de integración europea centrándolo en un vector estratégico esencial. La política del clima en una herramienta para articular el discurso soporte del dumping medioambiental. Y la seguridad energética como idea fuerza para la eficiencia energética y el desarrollo tecnológico.

3.- En esta fecha François Hollande ha lanzado la iniciativa franco alemana para la transición energética y ha sido acogida con sumo interés por el vicecanciller alemán Sigmar Gabriel. Éste, debemos de recordar que fue Ministro de Medio Ambiente, Conservación Natural y Seguridad Nuclear en el gobierno de coalición de Ángela Merkel entre 2005 y 2009, es el actual Ministro de Economía y Energía y Presidente de la SPD.

El "entusiasmo" político ante el "Airbus de la energía" tiene ante sí un proceso de aterrizaje delicado que se empezará a visualizar el 19 de febrero con motivo de la cumbre franco alemana y donde, previsiblemente, se presentarán las grandes líneas del Proyecto lanzado el 14 de enero.

Ya hay voces como las de Stephan Kholer, de la Agencia Alemana de Energía (DENA), que traduce el proyecto en una "plataforma industrial" a partir de la cual las empresas podrán cooperar y responder, conjuntamente a los proyectos. También ha dado su opinión Lehonard Birnbaum, de EON, mostrando su escepticismo. Y en el caso de las grandes majors de Francia, han mostrado que la prudencia frente al Estado es buena consejera. Y ya se visualizan movimientos de interés que muestran que la transición energética es un dato a considerar y no menor.

Asimismo otro dato relevante. El acuerdo suscrito por la patronal alemana (BDI) y francesa (MEDEF) cara al Consejo Europeo del 20-21 de marzo, abogando por un Pacto Industrial y Tecnológico y más concretamente en su Recomendación Segunda, plantean la elaboración de una política de transición energética común al objeto de que las empresas energéticas y la industria contribuyan a una cadena de valor industrial, competitiva y sostenible.

Esta pequeña muestra de datos nos indica que la crisis financiera actual está removiendo algo el núcleo del concierto europeo. La crisis está aflorando nuestras debilidades y entre ellas la necesidad de reforzar nuestra musculatura tecnológica e industrial. No hay fortaleza política en el concierto internacional sin fortaleza tecnológico - industrial. El cambio de paradigma no viene solo por la "revolución energética del Schale en su vertiente Gaz y Oil", viene fundamentalmente por la batalla por el liderazgo tecnológico y la competitividad industrial en el seno de la sociedad internacional.  Hay mucho en juego, sobre todo el futuro de Europa, y encuadro en esta dimensión el lanzamiento del programa de transición energética.

En consecuencia la revolución energética del Schale, si bien, es importante, es mucho más, la pérdida de competitividad de la industria y tecnología europea. Y aquí reside la idea fuerza de la transición energética. Un instrumento estratégico para impulsar el proyecto de integración europea cimentándolo en políticas de inversión tecnológica orientadas a la competitividad de la industria europea y al crecimiento económico. Ésta es la única terapia para consolidar el proyecto de la Unión. Objetivo: Que los europeos podamos cumplir nuestras oportunidades vitales en Europa.

4.- La seguridad del aprovisionamiento energético europeo y la fragilidad del espacio geopolítico que circunda Europa es otro dato de interés para reconocer el discreto movimiento que ha empezado a aflorar en Europa y que no acierto a vislumbrar su evolución. Sí me atrevo por el contrario a apuntar una serie de datos tales como los siguientes:

  • La voluntad manifestada en materia de Defensa en el programa marco del gobierno de coalición de Alemania. Y que se traduce en dos hechos significativos inmediatos: De un lado, la expresión de la Ministra de Defensa alemana sobre una política de seguridad y defensa activa. De otro, su reciente  visita a Mali y en consecuencia su mensaje de que la seguridad Europea y por ende su seguridad energética conlleva a una posición activa en el conflicto subsahariano.
  • El cauto pero progresivo alineamiento en materia de seguridad y defensa de los tres actores relevantes en Europa. Francia, Alemania y Gran Bretaña. Este es un tema complejo a lo largo de la historia reciente europea desde que fracasó la Comunidad Europea de Defensa. Pero la necesidad en materia de seguridad, defensa y política exterior común espero que haga aflorar los valores de los padres fundadores y nos aleje de la historia negra de Europa.
  • La fuerte inmigración árabe y otomana en Europa sumado al arraigo creciente del islamismo nos obliga a entender e intervenir en la geografía delicada que nos circunda. Lo que sucede en nuestro entorno geopolítico más próximo nos impacta de tal manera que nos sorprendería mucho. Estos datos nos llevan a la gran cuestión.  Si Europa, y más concretamente los europeos, seremos capaces de entender que dependemos esencialmente de nosotros mismos y en consecuencia la única oportunidad vital es: Avanzar. Tiene que haber espacio para la esperanza. Esto no significa que el camino sea sencillo, al contrario, exigirá mucho esfuerzo y se tendrán que solventar muchos conflictos, algunos incluso dramáticos.


En consecuencia la política exterior y de seguridad común es una asignatura vital para los próximos años. Como he dicho reiteradamente nos circundan demasiadas zonas frágiles. Y en el seno de la sociedad europea hay millones de personas que atienden a criterios culturales y religiosos diferentes. Si para nuestros mayores, Oriente Medio, Africa del Norte y Rusia por poner algunos ejemplos, eran espacios vitales, ahora con mucho más motivo lo son, y debemos de tener una posición común para afrontar los desafíos que tenemos ante nosotros. Los Balcanes son una desgraciada lección para Europa.

5.- Y todo esto nos lleva al gran interrogante que apunta reiteradamente un convencido europeísta y antiguo Embajador de Alemania en España, Joachim Biterlich. ¿Vamos hacia una política energética europea? ¿En qué condiciones? Responder a estas preguntas está en el fondo de la idea fuerza sobre la transición energética lanzada por el eje franco alemán. Y al hilo de estos interrogantes quiero traer a colación algún otro, más cercano. ¿Qué papel quiere jugar y puede, España, dada su condición de frontera con la parte Occidental de África del norte? ¿Qué papel quiere jugar también considerando el progresivo protagonismo hispano en EEUU? ¿Cómo quiere valorizar en la política europea su fortaleza industrial energética y orientarla también a un espacio común con América Latina? Y por fin, ¿cuáles son nuestros activos para ser parte del proyecto lanzado por el Presidente Hollande y ¿cuál es la estrategia para ponerlo en valor?

Dejo estos y otros interrogantes encima de la mesa desde una convicción. Esto ha empezado a moverse y no solo por vocación europeísta. Por necesidad. Y se estará en este movimiento  porque se cree y la vocación de ser parte del proyecto europeo. Tenemos ante nosotros un buen desafío.

Breves Conclusiones

  1. Es bueno reconocer lo que nos ha precedido porque de ahí se extraen lecciones de interés para los actuales momentos de incertidumbre y desorientación. Y en concreto dos cuestiones básicas: ¿Por qué nació el Proyecto de integración europea? Y, de otro lado, tomar conciencia de que para la historia europea el mundo eurásico es parte esencial de la misma.
  2. La geografía es una excelente guía para estructurar la política exterior y de seguridad para Europa. Y la geografía energética donde se inserta Europa nos lleva directamente al corazón de su estabilidad y su seguridad. Contemplemos con ojos muy abiertos lo que está sucediendo en las zonas sensibles que circundan Europa porque informa de la urgente necesidad de una sólida política exterior y de seguridad común.
  3. La energía es uno de los motores centrales para el desarrollo tecnológico e industrial. En este tiempo histórico que nos ha tocado vivir el "retorno del mundo" nos obliga a ser conscientes de la batalla por el liderazgo tecnológico industrial que se está desarrollando.
  4. El proyecto de transición energética y la sostenibilidad es la idea fuerza y la oportunidad estratégica para la competitividad futura de la economía europea. Aquí radica el desafío de Europa y la recuperación de su responsabilidad una necesidad para estructurar el espacio político de Europa en un Proyecto de referencia en la comunidad internacional.
  5. España, por su ubicación geográfica y su historia atlántica con América Latina, debe definir su papel y posición en el proyecto europeo de transición energética. Y para ello debe contar necesariamente con la fortaleza industrial y tecnológica. Sin esta fortaleza no hay ni posición europea ni posición internacional.

(*) Texto de una ponencia para el XI Encuentro del Sector Energético, celebrado en IESE Madrid el 13 de febrero de 2014.

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