Recomienzo de la historia

"Después de 25 años, las ilusiones de la década de los 90 no pueden quedarse en el baúl de los recuerdos, cuando son más necesarios que nunca. Es bueno recordar los momentos posteriores post 9 de Noviembre de 1989 y la febril actividad de las Instituciones Comunes para dotar de cohesión a una Europa nueva que se abría."

De la caída del muro a la guerra de Irak. Así titulaba en su edición española, Ralf Dahrendorf, su libro donde se recogían sus artículos y discursos desde 1989 a 1995. Un libro recomendable y de plena actualidad, como todos, del ilustre profesor y antiguo comisario.

Lo traigo a colación en un año que termina y donde se están cumpliendo los 25 aniversarios de hechos transcendentales que fueron el fielato para dar carpetazo a la sociedad internacional surgida tras la Segunda Guerra Mundial y nos han situado en los albores de una sociedad Internacional diferente a la que hemos conocido en la historia contemporánea.

Acontecimientos, ya históricos, pero muy presentes por su radiación y por como a los europeos nos esta situando ante nuestra propia historia, ante la realidad de nuestra dimensión geográfica y demográfica, ante la responsabilidad de nuestras decisiones en materia de seguridad, presencia y posición en la sociedad internacional,....y ante una suerte de cuadratura del círculo por la exigencia de ser altamente competitivos equilibrado con una políticas social de inclusión y ciudadanía.

Viendo más allá de Europa, 1989, no fue solo el año en el que se derrumbo el Muro. Fue el año (4 de Junio) de la masacre de Tiannamen y la consolidación de la vía China hacia una "nueva sociedad desarrollada" y potencia mundial, cuyo exponente máximo es el perfil del nuevo Presidente Xi Jinping.

Fue también el año (Noviembre, 6/7) que se celebró la primera cumbre de APEC en Canberra, tras la iniciativa del Primer Ministro australiano, Bob Hawke, lanzado en Enero. 1989, fue prolífico a la hora de poner las semillas de la nueva sociedad internacional del siglo XXI y en contraposición al fin de la historia predicada en los momentos de ebriedad, estaba abriendo nuevamente la puerta de la historia de Europa pero también el de la historia de las diferentes civilizaciones en toda su crudeza.

Y 25 años después estamos inmersos en un mundo complejo, en una sociedad internacional que se balancea entre sucumbir a los problemas o aprovechar las oportunidades, en una globobada (término que cojo prestado del excelente y sugerente académico Pankaj Ghemawat) permanente que oculta los auténticos desafíos culturales y sociales de un mundo abierto, pero con barreras técnicas, en búsqueda de oportunidades vitales.

Y nosotros los europeos tenemos serios problemas de aclimatación a la nueva sociedad Internacional, nos resistimos a la realidad de una Europa "empequeñecida" tanto en términos demográficos como geopolíticos... y somos temerosos de adoptar medidas que conduzcan a más Europa, obviando los riesgos crecientes derivados por la falta de visión y comprensión de los problemas a los que nos enfrentamos.

La reciente cumbre de Pekín y su escenografía generan preocupación más que alivio. La región de Asia y del Pacífico , como bien ha señalado recientemente, el antiguo Primer Ministro australiano, Kevin Rudd, comprende un grupo de economías del siglo XXI en rápido proceso de globalización (de la región sale el 60% de la producción global) pero que arrastran tensiones nacionales del siglo XIX. Como diría R. Kaplan, el gran tablero de juego de la época de Bismarck se ha asentado en el Pacífico.

Esperemos que el tablero no se rompa como lo hizo en Europa y el concierto del Pacífico no se vuelva en estruendo de fuego y sangre en el Mar de la China, el Indico y... Y esperemos que también en Europa sepamos transformar la grave tensión de Ucrania y más allá la de Oriente Medio y Norte de África, en responsabilidad para tener una sólida política exterior y de seguridad común que garantice nuestra estabilidad y seguridad.

La esperanza que desató el 9 de noviembre de 1989, nos situó a los europeos ante nuestra propia historia y frente a nuestras propias responsabilidades. Hace 25 años se rompió un muro de separación, pero también nos situó ante nuestro propio espejo. La profundización del proyecto europeo sobre la base del reconocimiento de una identidad europea compleja y rica, y la demanda de una Unión Europea que acogiera los deseos de vitales para los jóvenes de la Europa del Este.

Entretanto, fuimos actores pasivos y responsables últimos de la brutal crisis de los Balcanes donde los demonios del ser humano tuvieron su máxima expresión y virulencia. Y el nunca más tras Nuremberg, se diluyó hasta límites preocupantes.

La revitalización del proyecto de Unión Europea era, y es, más necesario que nunca por muchas y variadas razones. Y sobre todo para reabsorber la fractura democrática de la Unión. Nos encontramos ante una nueva y emergente sociedad internacional alejada del eurocentrismo, una vecindad que reclama atención porque afecta a nuestro bienestar y seguridad , unos cambios sistémicos en el orden tecnológico,económico y social que afectan a la solidaridad intergeneracional, a un equilibrio económico internacional sostenible y a la democracia... y principalmente ante el desafío de la cohesión social y política de Europa. Este es nuestro desafío estratégico, tanto en términos político institucionales como de integración económica.

El este de Europa venía y viene al encuentro de unas Instituciones Europeas que representan el bienestar, la salvaguarda para reconstruir unas instituciones democráticas, transparentes y generadoras de las condiciones necesarias para que todos se sientan ciudadanos y por tanto puedan desarrollar sus oportunidades vitales.

No es bueno perder de vista, de donde venimos y tampoco cual es el mundo que nos circunda. En estos tiempos, donde la crisis esta encogiendo de manera brutal a la columna vertebral de la cohesión y la paz social, la clase media, la inacción política de las Instituciones Comunes de la Unión sería el alimento para un retroceso de proporciones históricas y la esperanza de los 90 (bien reflejada por el profesor del MIT, Lester Thurow, sobre el papel de Europa como referencia de una nueva sociedad internacional) se desinflaría, afectando de manera grave al bienestar de los propios europeos.

Después de 25 años, las ilusiones de la década de los 90 no pueden quedarse en el baúl de los recuerdos, cuando son más necesarios que nunca. Es bueno recordar los momentos posteriores post 9 de Noviembre de 1989 y la febril actividad de las Instituciones Comunes para dotar de cohesión a una Europa nueva que se abría. La europeización de Alemania y los compromisos adquiridos. Y el tacto con Alemania para facilitar su plena normalización y posición en la Europa Central.

Es cierto que tras la crisis financiera del 2008, estamos inmersos en una profunda crisis. Pero esta, nos ha situado ante el espejo de la renovación del espíritu europeo para avanzar en una salida de la crisis, con más Europa.. Alemania, ha marcado un determinado ritmo como consecuencia de sus demonios internos y la europeización de unas políticas de austeridad en la inversión pública y en la provisión de bienes y servicios que aplicaron con rigor ante el riesgo de desplome de su economía a principios de la década pasada. Sin embargo también están llegando a un punto de inflexión por el impacto negativo en su economía productiva del deterioro de sus inversiones públicas, por los riesgos de una sociedad dual que va camino de convertirse en una losa para su seguridad, por los riesgos de una vecindad que desnuda la carencia de una política exterior y de seguridad común, por los recelos y cierta resurrección de los viejos demonios que suscitan sus intereses nacionales en el resto....y también por un agotamiento de la política marcada por la Agenda 2010. Véase a modo de ejemplo como la semana pasada Ulrich Grillo, Presidente del BDI (Federación industria alemana) señalo la urgente necesidad de un programa de inversiones públicas (6.500M€ por año) al presentar un estudio realizado en colaboración con el Instituto DIW y delante del Vice canciller Sigmar Gabriel (SPD).

Este mes de Noviembre se convertirá también en una referencia histórica, para bien o para mal. El 1, empezó el nuevo "gobierno" de la Unión y guste o no guste, con un Presidente que es el más adecuado para estos momentos críticos. Sabe equilibrar los complejos intereses franco alemanes, tiene experiencia y visión europea, sabe que o Europa avanza o nuestros demonios interiores aflorarán con todas las consecuencias negativas para lo construido durante el mayor tiempo de bienestar y paz en la historia europea... y es consciente que se necesita más Europa para ser parte positiva de la historia del siglo XXI. El horizonte es incierto y las viejas recetas sirven de poco, pero la visión de futuro es necesaria para ir construyendo formas nuevas de gobernanza de la Unión. Ya lo indicó en su día Monnet.

En este sentido la POLÍTICA esta exigiendo paso en unos momentos que es más necesaria nunca. Europa se ha construido desde la política y el ciudadano como su eje. Si no se entiende esto, o no se ha entendido nada de la civilización europea moderna o no se quiere entender para que afloren poderes autoritarios.

Como he dicho reiteradamente la sociedad internacional no solo ha cambiado, está inmersa en profundos cambios, como consecuencia de la evolución tecnológica y la irrupción demográfica de una clase media emergente en Asia principalmente (no olvidemos la Comunidad Iberoamericana y África). Se esta transformando el espacio social, político y económico de Europa. Ante esto, no hay más opción que una Unión Europea más integrada en sus políticas comunes y una reordenación del espacio de su gobernanza democrática.

El nuevo gobierno de la Unión en este año de celebraciones, por las bodas de plata de la caída del muro, tiene que mantener unido una convivencia que ha dado muchos frutos y positivos.

Avanzar en la convivencia de una familia compuesta por 28 Estados no es fácil, pero sobre todo es necesario. Porque los ciudadanos europeos tienen que ver a la Unión la salvaguarda de sus libertades, sus derechos sociales, su bienestar,...y la sociedad europea el espacio donde desarrollar sus oportunidades vitales. Sin embargo el actual escenario de crisis y los ruidos de desafección no son un dato a menospreciar. Al contrario, nos debe obligar a trabajar más en el espíritu de la Unión. Nada perdura si no se cuida. De ahí que el nuevo Presidente Juncker (gustara mucho, poco o nada, como he dicho) es una esperanza para estos tiempos difíciles, porque sabe de la historia europea, sabe de la importancia del eje Franco Alemán, es consciente que nueva Europa nació en 1989... y sabe que el impulso político de las Instituciones Comunes es clave. Y tiene ante si cinco desafíos transcendentales

  • El marco de actuación en materia de Clima y Energía. Y en consecuencia la apuesta por el renacimiento industrial y tecnológico de Europa.
  • La educación y la formación como armas básicas para la competitividad de Europa y la creación de empleo. Y la cohesión social como pieza esencial de la seguridad europea.
  • La inversión pública como motor de la transformación de Europa y la reactivación económica. Sin reactivación e inversión (programa de los 300.000M€) futuro incierto.
  • La profundización en la gobernanza económica y política de la Unión. La perspectiva federal y la vitamina para recuperar la fortaleza democrática son dos caras del mismo objetivo de las Instituciones Comunes de la Unión.
  • El desarrollo de una política exterior y de seguridad común dirigido principalmente a estabilizar las relaciones con Rusia y focalizar como prioridad estratégica la política de vecindad con la geografía política que va desde Oriente Medio a Marruecos. Una Rusia desestabilizada es la antesala de la inseguridad y el realismo político la terapia para crear un espacio político de convivencia entre Europa y Rusia. Europa no se comprende tampoco sin conocer e integrar la importancia del Islam en su historia pasada y reciente.


¿Y España? Para ella el giro del escenario le esta cogiendo sin POLITICA , sin fuerzas,.... y en un contexto donde el riesgo de ser el "cul de sac" de la nueva Europa que hablaba en otro artículo, se puede convertir en una realidad, si seguimos con el ritmo de despropósitos que llevamos y nos centramos en la aplicación exclusiva y excluyente del reglamento como eje de la acción política, si no queremos ver que la demagogia se esta transformando en el fermento de una clase media que ve reducir sus oportunidades vitales a límites impensables hace pocos años, si no queremos abordar el riesgo real de quiebra de la solidaridad intergeneracional, si proseguimos con viejas recetas y obsoletos modelos educativos y de formación para un mundo nuevo, y miramos a otro lado y no nos sacudimos del letargo en el impulso del necesario renacimiento industrial y tecnológico... y sobre todo planea una inexistente visión de las Españas que hace imposible un acuerdo sólido y serio sobre su papel en Europa y sus relaciones con América y el mundo islámico. Mientras el mundo y Europa se mueve, nosotros a lo nuestro. A sentirnos satisfechos de nuestro ombligo, mientras haya comida. Otro día me centrare en nuestro particular 9 de Noviembre y que va más allá de Catalunya.

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