Renacimiento industrial e integración europea. ¿Es la energía nuevamente el motor?

"La energía ha entrado en el corazón de la agenda europea, para ser uno de los motores de su renacimiento tecnológico/industrial"

¿Es la energía nuevamente el motor? Responder a este interrogante de manera afirmativa, parece una osadía considerando la luz tenue que proyecta un sector energético inmerso en una situación delicada y que más se parece a un cuerpo con defensas extremadamente débiles.

Como botón de muestra los resultados expuestos el jueves 27 de febrero por parte de GdF y el del martes 4 de marzo por RWE. Ambos tienen un denominador común. La fuerte depreciación de sus activos de generación convencionales, que en el caso de GdF son de 14.900 M€ y de RWE, son de 3.300 M€, y que impacta de manera sobresaliente en los resultados del ejercicio 2013 de las respectivas compañías.

Sin embargo, si contemplamos el mercado y el sector energético, con otra visión más estratégica, vemos que, el botón de muestra anterior, es una prueba evidente de que hay estrategia y futuro. Y que la energía ha entrado en el corazón de la agenda europea, para ser uno de los motores de su renacimiento tecnológico/industrial, transformar la necesidad en alimento para la política energética común y el mercado integrado, una senda por la que avanzar más decididamente.

En este sentido, ambas compañías han realizado un ejercicio de responsabilidad y alineamiento con el proyecto estratégico de un nuevo horizonte para la energía en Europa. Como bien manifestaba el PDG de GdF el viernes 28 de febrero en Le Monde "Yo he depreciado el valor del mundo Antiguo". Este titular refleja de manera contundente la encrucijada del cuerpo energético empresarial europeo y me lleva a afirmar que al enfermo se le avecina una terapia de choque y que como consecuencia de ello el que disponga de una inmunología fuerte saldrá más sano y fuerte y el que no lo tenga desaparecerá.  

Estas decisiones corporativas tienen más significado si lo encuadramos con las comunicaciones y decisiones que en el eje franco alemán se han producido, desde el 14 de enero hasta el 19 de febrero, fecha esta del Consejo de Ministros Franco-Alemán, y que nos sitúan en la idea fuerza de la transición energética europea como motor de la integración europea, una de sus bases para el renacimiento tecnológico industrial de Europa, cimiento de la soberanía energética europea y fortaleza para reposicionar Europa en el concierto internacional.

La necesidad de la visión europea, más concretamente la dimensión europea, es la premisa que subyace en la idea de la la transición energética y es el valor diferencial con respecto a las dos décadas pasadas. El mundo ha cambiado de tal modo que las visiones sobre el mercado energético europeo y sus desafíos, nos están obligando a una nueva visión del mercado y de la política energética común. Nuevamente la necesidad hace virtud.

El tsunami financiero ha aflorado la debilidad que conlleva la fragmentación y también la necesidad de apuntalar las bases tecnológico industriales de Europa. El mundo ha evolucionado demasiado desde que entramos en el siglo XXI y nosotros no de manera suficiente para seguir siendo un referente industrial, económico y por ende político en la sociedad internacional. Y la energía, nuevamente se sitúa en el corazón del renacimiento de Europa, y también en el eje franco alemán. Y las  principales decisiones del Consejo de Ministros Franco Alemán del 19 de febrero así lo atestiguan, al centrarse en el Clima- Energía, Cooperación industrial, socio-económica y fiscal, y la política exterior y de seguridad común.

Y el tsunami político se avecina, si no se logra, pilotar adecuadamente la integración de Ucrania en el espacio político y económico de la Unión. No podemos olvidar el significado de la civilización eslava incardinada por el triángulo histórico, Novgorod - San Petesburgo - Kiev, tal y como señala Edward Rutherfur. Ni tampoco debemos obviar que el corredor caucásico constituye un nodo estratégico para el petróleo y el gas de Baku, Asia Central, Irán. Y en consecuencia espacio vital para los intereses de Rusia. Una vez más el juego geopolítico ha entrado en escena y adquiere protagonismo en la estrategia energética.

Ahora que estamos embarcados en un debate intenso sobre la reforma eléctrica doméstica y la futura reforma gasista, es conveniente reconocer que por nuestra geografía no somos ajenos a la geopolítica energética europea, ni tampoco, a los problemas que ya han empezado a aflorar empresas como GdF y RWE, máxime cuando estamos en un mercado isla, colindante con un espacio energético caliente, como el del Norte de Africa, y una histórica vocación atlántica. No solo debemos poner el acento en el impacto financiero de una política energética que ha conducido a una sobrecapacidad y a un mix de generación mejorable. Debemos de poner el acento también en cómo hemos contemplado el negocio y su evolución en el contexto de la exhuberancia financiera que hemos vivido. Ser suficientemente serios para preocuparnos por la seguridad y la sostenibilidad de nuestro abastecimiento sin debilitar nuestra economía productiva y nuestras bases tecnológicas industriales. Y si disponemos del músculo corporativo adecuado para ser actores con las exigencias de un mercado global altamente competitivo.

En consecuencia es pertinente contemplar lo que sucede en nuestro entorno europeo y si queremos darle rigor a la reforma energética es bueno que nos pongamos todos rojos de una vez, y empecemos a caminar seriamente a la luz de la senda que ya está marcando el eje franco alemán. La cuestión es: ¿Tenemos las defensas suficientes para aguantar la terapia de choque? El desafío está en una Política Energética de Estado que adopte la energía como vector de nuestro necesario renacimiento tecnológico industrial y de nuestra política europea y exterior. Pero esto para el siguiente post.

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