Turbulencias en el cruce de caminos de Europa

Las turbulencias e incertidumbres que nos azotan y acechan son unos ingredientes demasiado delicados para una Unión Europea que esta obligada a recuperar el pulso político de los padres fundadores y superar la mortecina etapa de Barroso.

Los europeos estamos inmersos en la incertidumbre y la única respuesta es la política con mayúscula. Esta es la columna vertebral que nos permitirá abordar una gestión eficiente de los múltiples y complejos problemas a los que nos enfrentamos los europeos. Como bien dijo al final de sus Memorias, Monnet, allá por 1976, Europa " no puede detenerse cuando a nuestro alrededor el mundo entero se halla en movimiento" y termina con una frase histórica" las naciones soberanas del pasado han dejado de ser el marco donde se puedan resolver los problemas del presente". Casi 40 años después estas palabras tienen más actualidad que nunca para nosotros, los europeos, y nos reafirman en la reivindicación de la vuelta de la POLÍTICA al corazón de Europa.

Estamos en tiempos de turbulencia por los profundos cambios que están gestandose tanto en el seno de la sociedad internacional como en la sociedad europea. En este ultimo, agudizado por su ampliación hacia el Este, tras la caída del Muro, y la revolución silenciosa que esta trayendo el islam (véase el interesante trabajo de Christopher Caldwell). Estos cambios exigen una visión de los problemas y sus soluciones más allá de la gestión administrativa.

El atentado terrorista de Tunez, el estado de tensión permanente en el Mar Negro, las maniobras rusas en el Artico y la dimensión de su despliegue, el tensionamiento progresivo en el corazón del Báltico, la explosiva inestabilidad en el Sahel con un impacto significativo en todo el perímetro del Norte de África... son un botón de muestra de la cascada de situaciones preocupantes que están llegando poco a poco al corazón de la seguridad y estabilidad europea. Y este corazón necesita ser revivido para que no se colapse.

En tiempos de crisis y cambios, como los que vivimos, la carencia de visión y la ignorancia sobre de donde venimos y de lo que nos rodea, es el peor cóctel para abordar con rigor el futuro complejo de una Unión que tiene ante sí incertidumbres institucionales de transcendencia. Incertidumbres porque la crisis financiera la ha golpeado en un momento especialmente delicado y ha agudizado los aspectos más débiles de la arquitectura institucional de la Unión. Porque estamos todavía en una fase temprana de la difícil y compleja digestión de la ampliación hacia los países PECO. Porque la velocidad de la unión monetaria sin la consolidación fiscal correspondiente exige todavía cuidados permanentes y profundizar mucho en su gobernanza.

Porque la celeridad en la integración de países que nunca debieron de haber entrado, como Grecia, obliga a reexpresar la integración monetaria para expresar sus diferentes velocidades y evitar el riesgo geopolítico y geoeconomico en el seno de la Unión. Porque en definitiva hay demasiadas cuestiones sin respuesta en un entorno de turbulencias en nuestra vecindad y de desafíos internos que necesitan ser solventados para reposicionarnos en la nueva sociedad internacional que esta aflorando.

Llevamos demasiado tiempo sin liderazgo político en la Unión, lo que ha beneficiado, en tiempos de crisis, la renacionalizacion del espacio político europeo. Con una combinación perversa de protagonismo intergubernamental e intervencionismo administrativo de la Comisión. Esta mezcla en un entorno de crisis de solvencia de las economías del sur de Europa esta convulsionando el delicado equilibrio socio económico y de inclusión de la sociedad europea. Resultado. Una imagen de retroceso del espíritu europeo, en contraposición a la década de los 80 y 90 del siglo pasado, cuando más necesitamos para hacer frente a los graves desafíos a los que nos enfrentamos.

En este escenario y tras la salida de Barroso, la entrada de Juncker y la presencia de Shultz, puede ser el oxígeno para revivir en las Instituciones Comunitarias, el espíritu europeo y la tradición de los padres fundadores, si bien con la dificultad de gestionar un Consejo Europeo complejo por llamarlo de algún modo. Ambos, Presidentes de Instituciones claves de la Unión, tienen el desafío de integrar al Presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en una Troika que de impulso político a la Unión. Tusk, institucional y personalmente, es un actor a considerar por su posición y su país de origen, Polonia. Las tensas relaciones con Rusia y la necesidad de centrar un statu quo que ordene las relaciones de vecindad UE/Rusia, están situando a Polonia en el corazón de la política exterior y de seguridad común europea.

Traigo a colación las cuestiones anteriores porque las turbulencias internas y externas a las que nos enfrentamos en el actual cruce de caminos de Europa, solo tiene una respuesta. Más Europa. Y esta no se construye con fórmulas del pasado y con visiones estáticas o preconcebidas. Se construye desde la innovación. Y esta siempre ha estado en la construcción europea. Europa y su Unión desde su nacimiento es fruto de la creatividad y de la innovación. Un somero repaso de la historia institucional europea así lo atestiguan y reafirman la importancia de la creatividad política frente a la parálisis administrativa. Cualquier observador y conocedor de la política comunitaria sabe la importancia que ha tenido la "cláusula de flexibilidad" que se contemplaba en el artículo 235 CEE y su papel en la comunitarización de las políticas en materias claves como Energía, Medio Ambiente y Política Regional que no estaban contempladas en el Tratado fundacional. Sin el impulso político y la creatividad jurídica no hubiera sido posible iniciar lo que ya son reconocidos aspectos centrales de las políticas de la Unión.

La política energética. Sería difícil recorrer el camino hacia la Unión Energética y lanzar el proyecto de transición energética sin el cimiento del acervo comunitario en materia energética que comenzó en 1972 y se aceleró tras la crisis del petróleo del 73.

Tampoco estaría en nuestra memoria colectiva y administrativa el acervo comunitario en materia medioambiental y su consideración como un aspecto angular en la preservación del medio ambiente, el desarrollo sostenible y la política del clima.

No estaría en nuestra memoria colectiva y administrativa, el transcendental papel de la política regional europea para la cohesión y en el caso español, para su salto histórico en materia de infraestructuras, equipamientos y desarrollo social.

La Cumbre de París de 1972 es un ejemplo de que es posible avanzar haciendo uso de la creatividad política y un uso inteligente del derecho. Recuperemos ese espíritu de que si se puede. Solo falta voluntad y conocimiento. Tenemos que curarnos del síndrome de amanuense administrativo que ha infectado el cuerpo político, provocando la parálisis política. El virus nació en Alemania tras la inquietud que produjo la cumbre de París que, como bien analiza el gran jurista estadounidense Joseph Weiler, abrió la puerta, con la llave del artículo 235, para que ninguna actividad nuclear correspondiente a la función del Estado podía ya considerarse constitucionalmente inmune a la acción comunitaria. El miedo inicial de los Lander y la posterior vigilancia del Tribunal Constitucional de Kalsruhe sobre la salud democrática de las decisiones comunitarias ha sido el ariete que ha sido utilizado para mediatizar y justificar la parálisis de estos últimos años. Sin embargo, si bien la cuestión alemana central es una defensa del orden constitucional, las instituciones son un cuerpo vivo, que tienen que adaptarse a las necesidades del presente y prepararse para el mundo del mañana. El problema actual de Europa son variados y múltiples y recomiendo la lectura de cinco libros publicados en el ultimo semestre del 2014 por parte de Helmut Kohl, Giscard d'Estaing (prólogo de Helmut Schmidt), Joschka Fisher, Gabriel Siles-Brügge y Jolyon Howorth, que reflejan algunas cuestiones centrales de nuestros problemas actuales.

Los acontecimientos turbulentos se agolpan en el perímetro de vecindad europea y las incertidumbres adquieren un protagonismo singular en el cuerpo político de la Unión Europea.

Las turbulencias e incertidumbres que nos azotan y acechan son unos ingredientes demasiado delicados para una Unión que esta obligada a recuperar el pulso político de los padres fundadores y superar la mortecina etapa de Barroso. La acción terrorista, en Túnez, es una señal clara que nos recuerda la guerra sangrienta que se esta librando, principalmente en el seno del islam y el mundo árabe. Y esta guerra sangrienta esta adquiriendo proporciones preocupantes en la península Arábiga por los delicados y peligrosos juegos de alianzas que se están configurando. Muchos se acuerdan de la guerra de Irak y de la guerra contra la invasión rusa de Afganistán. Quien se acuerda de los acuerdos de Cambon- Grey de 1916 y del Tratado de Sèvres de 1920. Solo un apunte. Este espacio geopolítico diseñado hace menos de 100 años, por nosotros, los europeos, esta cerca de un estallido de incalculables consecuencias políticas y económicas. De ahí que la UE no puede ni debe ser un actor melifluo en la búsqueda del acuerdo nuclear con Irán, en la vigilancia de las relaciones entre Pakistán y Arabia Saudí y en repensar sobre el impacto de un nuevo mapa geopolítico en la zona. Las relaciones de la UE con Rusia también tiene su colateral en la Península Arábiga. La gravedad del conflicto en Yemen está en directa relación con las dos mundos que se están enfrentando, el persa chií y el complejo mundo suní. Etc.

En este delicado escenario tampoco podemos ser melifluos en la defensa de Israel, porque es nuestra frontera de civilización, ni tampoco melifluos en la búsqueda de una solución del problema y esta no pasa por intervenciones agresivas como las de Netanyahu en el Congreso de los EEUU.

A este convulso escenario se le suma el significativo ataque terrorista de Túnez (origen de una primavera árabe que las fuerzas reaccionarías del islam político-religioso quieren que desaparezca de la faz de la tierra y de la memoria) y la situación de Estado fallido, de Libia, alimento de las diferentes facciones extremistas del islam en el Sahel. Esto nos obliga a recordar que en nuestra ribera sur del Mediterráneo esta tomando cuerpo un riesgo de proporciones historicas para la estabilidad de Europa y que la frágil memoria europea debe desaparecer porque impide la adopción de medidas serias tanto en el plano económico, institucional y de seguridad por parte de la Unión. Un somero repaso a Libia, Argelia, Marruecos y el Sahel, atestiguan la urgente necesidad de una acción común europea. En el lenguaje de Kissinger, Europa tiene que tener un teléfono al que llamar y en consecuencia quien decide. Espero que el eje franco alemán, al igual que en la crisis de Ucrania, active el mecanismo del teléfono. La seguridad de nuestra frontera exterior, de nuestra sociedad interior y los flujos energéticos entre ambas orillas del Mediterráneo, son suficientes razones para ello.

Es urgente avanzar, con solidez, pero sin pausas, en la materialización de una política de seguridad y exterior común que mire también al Sur. Rusia es más simple que la compleja inestabilidad que azota nuestra ribera Sur y con más riesgos para nuestra seguridad. La estabilidad y la seguridad europea nos obliga a avanzar en la necesaria nueva gobernanza política y económica de la Unión, con dos focos delicados. Uno, en nuestras fronteras del este. Dos, en nuestra frontera Sur.

En este contexto, España tiene mucho que perder si no adopta una política de Estado sólida sobre su presencia en la política europea y hay demasiados datos que nos conducen a la preocupación. La situación es lo suficientemente grave como para que miremos a otro lado o pensemos que la política europea no afecta a nuestras vidas u otros vendrán a solucionar nuestros problemas. Es momento de trabajar en un consenso de Estado sobre nuestra posición en la política y las Instituciones Europeas. Y la sociedad civil debe ser exigente porque Europa es la única garantía que avala nuestras debilidades y la política europea, incluida la exterior y de seguridad común, afecta a nuestras vidas.

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