Ucrania: La hipoteca energética y el conflicto de los espacios de influencia

"Dar cobertura a la factura energética de Ucrania, al igual que otras medidas de carácter más estructural en materia de política económica y energética, es una responsabilidad que deben compartir las Instituciones comunitarias y en grado especial, en su seno, Alemania"

Desde el Memorándum de Budapest de 1994, Ucrania, es un espacio geopolítico sensible, que tiene garantizada su independencia por EEUU, pero permanentemente tensionada por Rusia, mediante las crisis sucesivas del Gas, el 2006 y el 2009, y que suponen un toque de atención permanente sobre la consideración de Ucrania como espacio de influencia rusa.

Es pertinente recordar la crisis de Georgia (Osetia) en agosto del 2008, para valorar hasta qué punto está dispuesta Rusia a movilizar sus fuerzas oficiales o para oficiales para la defensa de sus "intereses nacionales" y sus límites, que no son otros, que la decisión firme de EEUU y Europa en la defensa de estos nuevos países.

La evolución de los últimos acontecimientos en Ucrania, está poniendo, sobre la mesa, las debilidades de Europa, la incoherencia entre sus intereses vitales y una política exterior y de seguridad común demasiado débil, y la decisión de EEUU en una salida razonable al conflicto, que no menoscabe sus obligaciones internacionales de defensa de la soberanía de Ucrania.

La tensión entre Ucrania y Rusia, ha aflorado nuevamente, una política europea inmadura en su política exterior y defensa común. Y nos sitúa ante una fotografía desagradable sobre las carencias europeas en la defensa de sus intereses y de sus socios.

Este escenario provoca, la imágen de una Unión Europea (UE) que no garantiza suficientemente la seguridad que buscan algunos de sus miembros, como Polonia y Países Bálticos. Y en contraposición, una imagen de los EEUU, que sí les ofrece seguridad. No podemos olvidar que la vecindad histórica con Rusia de estos países han provocado en su ADN nacional un temor e inseguridad hacia el eje histórico ruso materializado por San Petersburgo/Moscú.

La debilidad política y militar de la UE para defender sus intereses vitales, garantizar la seguridad a sus aliados en su política de vecindad y asumir sus responsabilidades como potencia en la vertiente occidental de Eurasia, son un déficit estructural de una Europa que necesita ser un actor relevante en una sociedad internacional que se está reconfigurando y en consecuencia necesita abordar cuestiones de fondo también en la gobernanza de su seguridad y defensa común.

Ucrania está aflorando un tablero regional e internacional que lleva tiempo moviéndose y el papel de la UE no debe ser la incógnita o la incertidumbre, fruto de intereses contradictorios, estratégica ante ese tablero. Tiene que definir una política de defensa y una política exterior que centre y defienda sus intereses generales. El horizonte es delicado y la fragmentación de su gobernanza exterior, desde todos los puntos de vista, nos lleva a la debilidad en las relaciones bilaterales entre la UE y la geografía que la circunda desde Argelia hasta Ucrania/Moldavia, pasando por Turquía.

Esta debilidad no garantiza el espacio de influencia económica y política de la UE en la geoeconomía y la geopolítica que la circunda. Y algo mucho peor, debilita el partenariado Atlántico, como eje vertebrador que amortigüe el progresivo alineamiento entre Rusia y China en el nuevo concierto internacional que está emergiendo.

Los sucesos de Ucrania deben de refrescar la memoria de las elites europeas y de las instituciones de la Unión. Europa representa el espacio de derechos, libertades y oportunidades vitales para la ciudadanía de Ucrania y del resto de los países del este de Europa. Y también ha puesto, nuevamente, en el tablero, los desafíos y las prioridades de la agenda europea para los próximos años, no solo en términos energéticos por la dependencia del gas ruso, sino en aspectos centrales de la política de integración económica y política de la Unión.

Ahora solo quiero poner el acento en el delicado escenario que se ha abierto y la oportunidad de España para poner en valor su posición estratégica en la cuenca energética del Norte de África y exigir, en orden a la seguridad e integración del mercado energético europeo, la materialización de la conexión/permeabilización energética terrestre con Francia.

La Rusia de Putin, se visualiza perfectamente en el título, de un artículo publicado por Alain Joxe en Geopolitique (Marzo 2008), "Russie et la Géopolitique des Memoires"; y tiene como objetivo estratégico reubicarse, como potencia, tras el suicidio pacífico de la URSS. Su estrategia ha estado centrada en la puesta en valor "imperial" de sus inmensas reservas en hidrocarburos. En la reincorporación a su perímetro de influencia política de los países soberanos que fueron territorios de la URSS, en Asia Central y el Caspio, a través de fórmulas diversas como la Unión Aduanera. Y el establecimiento de un interés compartido con China centrado en la energía, la estabilidad de Asia Central frente al radicalismo islámico y el apoyo tácito a los intereses de dominio de China en el Mar de la China (Oriental y Meridional).

Estas y otras medidas (creciente protagonismo en la política de Oriente Medio, en el Norte de África, ...) dirigidas a recuperar su poder como potencia mundial, son, a su vez, contrapeso de una política interior que está sujeta a muchas tensiones, a destacar la demográfica, la dificultad en transformar una economía extractiva en una economía productiva competitiva, la incapacidad de crear una economía de mercado transparente,. y un etc. largo de problemas que hacen de Rusia una economía y un país, delicado.

A esto debemos sumar la memoria/historia de la población de los países que accedieron a la independencia, tras la desintegración de la URSS, y los obstáculos normales, por parte de los Estados y sus elites, que además cuentan con recursos y posición geopolítica, a una integración económica regional liderada "imperialmente" por Rusia.

Con estas breves pinceladas quiero señalar que Rusia no tiene ante sí un escenario precisamente fácil y cómodo. Por eso mismo, la situación de Ucrania se puede transformar en delicada para la estabilidad de Europa, si los acuerdos de Ginebra no avanzan en la dirección de una solución razonable para la minoría rusa y concentrada en el Este, sin romper la integridad territorial de Ucrania; si solo EEUU juega seriamente como apoyo a los intereses naturales de Ucrania de insertarse en el área de influencia del mundo occidental y si la Unión Europea sigue teniendo una posición dubitativa y "extraña", en términos de su política de vecindad, y que son fruto de los intereses contradictorios en su seno. También hay que constatar que la solución al conflicto de Ucrania es compleja, requerirá decisión y sobre todo mayor claridad e implicación de la Unión Europea.

Si la UE quiere actuar en la sociedad internacional, desde la diplomacia de la influencia, tiene su hora en el caso de Ucrania. En esta línea dar cobertura a la factura energética de Ucrania, al igual que otras medidas de carácter más estructural en materia de política económica y energética, es una responsabilidad que deben compartir las Instituciones comunitarias y en grado especial, en su seno, Alemania (receptor principal de las importaciones del gas ruso, 40,6%, y actor principal de las relaciones económicas Rusia/UE) al ser el arquitecto de la política de partenariado oriental.

Europa sabe la firme voluntad de Moscú en el desarrollo de la arquitectura institucional de la Unión Económica Euroasiática (se constituyó en Noviembre 2011 y empezó a funcionar en Febrero 2012), con importantes grados de mimetismo con la arquitectura inicial del Mercado Común Europeo, donde ya trabajan más de 1.000 personas y con una preeminencia de Rusia incuestionable. Y por ello tiene que profundizar en su política de influencia, en el caso de Ucrania, y mostrar fortaleza y decisión a Rusia.

Con el lanzamiento del partenariado oriental por parte de la UE, se puso en marcha una dinámica con difícil parada, porque ya se toma una estrategia que colisiona con el interés de Rusia de que Ucrania, Moldavia,.fueran parte significativa de su Unión Aduanera. La manifestación de interés de Ucrania por integrarse en la Unión Europea, la invitación en la cumbre europea de Vilnius( Noviembre 2013) a Ucrania para un acuerdo de asociación con la UE,. son acciones significativas bilaterales entre la UE y Ucrania y sitúan el juego de influencias entorno a un espacio vital, tanto para Rusia como para la Unión Europea, ya en un esquema claramente europeo. En este sentido la implicación decidida de la UE ( también la clarificación de los diferentes intereses internos en Alemania) es una exigencia del interés general europeo y la solución razonable del conflicto en Ucrania una cuestión vital para el futuro del proyecto europeo.

En otro orden, este conflicto de influencias, ha reafirmado el interés europeo en reducir la dependencia energética del gas ruso, a diversificar las fuentes de aprovisionamiento, el impulso de la transición energética para la soberanía energética europea,...y la necesidad de dar el empuje definitivo a una política energética europea donde la vertiente más occidental de Europa y la cuenca energética norte africana estén más integradas en el sistema energético europeo.

Si uno ve la cartografía de las reservas de gas de Rusia, su producción actual en comparación con otros países , los gasoductos que abastecen a Europa...(Véase a modo de ejemplo el último número de “Diplomatie”, Marzo-Abril 2014, pág. 89 y "The European Gas Market. A Reality Check”, Ifri, París, 2013) se da cuenta inmediatamente de la interdependencia energética entre Rusia y la UE, el volumen de inversión que necesita Rusia para explotar sus ingentes reservas,...el papel de Ucrania en la geopolítica energética euroasiática, la importancia creciente de las relaciones entre la UE y Turquía , la UE y Argelia y UE e Irán...Y también la débil conectividad de la geografía energética de España y la cuenca energética norteafricana con el sistema energético continental, como he mencionado anteriormente.

En este contexto, la integración/permeabilización energética de España con Francia no es una cuestión bilateral solo, ha adquirido una dimensión europea dado que incide en la seguridad y diversificación del abastecimiento energético europeo. La interconexión con Francia es una cuestión que España debe de situar de manera preeminente en la agenda de la política energética europea los próximos meses. Y situar esta cuestión en un asunto bilateral franco español de primer orden.

Por último, aflora la relevancia de las relaciones con Argelia y se sitúan en un escenario estructural para los intereses de Europa. En este contexto los objetivos de la cooperación energética e industrial bilateral entre España y Argelia, deben transformarse en una cuestión de primer orden.

La estabilidad y la seguridad de Argelia tiene un componente estratégico de primer orden para Europa. Y su desarrollo económico e industrial una cuestión de interés general europeo, porque sólo la estabilidad socioeconómica va a generar capacidad de inversión y desarrollo de los hidrocarburos en Argelia. Y España tiene mucho que decir y para ello tiene la obligación de transferir tecnología y recursos para crear las condiciones tanto en términos de seguridad como de desarrollo industrial y económico.

Ucrania y Argelia son dos realidades diferentes pero ambas tienen un denominador común. Su estabilidad o inestabilidad afecta a la seguridad de Europa.

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