Un Rey para nuevos tiempos

"En estos momentos de incertidumbre y necesidad de impulso económico la figura del nuevo Rey, con su formación, conocimiento y networking, es una fortaleza de primer orden para poner en valor nuestro capital humano, industrial y tecnológico en el seno de la Unión y la Comunidad Iberoamericana principalmente."

La abdicación del Rey Juan Carlos I es una noticia de primer orden y entra dentro de la lógica institucional de una monarquía constitucional europea. Independientemente de los claroscuros personales, como las de cualquier persona, la realidad es que la Institución ha sido un factor estabilizador de primer orden y representa el punto de encuentro de las Españas. El papel y la función de la monarquía, tras la desaparición del Dictador, no es un tema menor a la hora de valorar el desarrollo y transformación como el que ha tenido España desde 1977. Con perspectiva histórica el resultado ha sido satisfactorio, aunque, como todas las cosas en esta vida, mejorable.

La abdicación viene en un momento histórico e institucional delicado, en un contexto político y socio económico que está demandando medidas estructurales de modernización, donde el cuestionamiento de las instituciones políticas y sociales es una constante creciente, donde la solidaridad intergeneracional y el reforzamiento de la sociedad civil afloran como ejes de la regeneración democrática, donde el entorno europeo e internacional nos obliga a recuperar los valores del esfuerzo, la formación y la iniciativa empresarial,...En definitiva tiempos donde es urgente recuperar los valores de una sociedad abierta que de confianza y soporte para que las generaciones jóvenes desarrollen sus oportunidades vitales. Los jóvenes son el corazón y el futuro de nuestra sociedad y hay que cuidarlos como si fuera un jardín delicado. Parafraseando a Schuman, no son palabras vacías son exigencias que deben fundamentar actos constructivos. Y así lo he constatado en diferentes ocasiones y más concretamente en el discurso que pronuncio, el Príncipe y futuro Rey, recientemente en los premios de la Fundación Novia Salcedo.

Se abre una nueva era, al igual que en 1977, y para ello no hay nada mejor que buscar lo mejor de cada uno de nosotros y tratar de encontrar el común denominador que nos permita avanzar. La grave crisis que padecemos ha aflorado las debilidades y adherencias putrefactas pero no por ello hay que derribar el edifico entero y sin siquiera saber el tipo de edificio que queremos construir. En momentos de incertidumbre suele ser mala consejera adoptar decisiones solo con el corazón. Es pertinente reconocer los cimientos deteriorados o putrefactos y proceder a su regeneración o cambio. El futuro nuevo rey tiene ante si una inmensa tarea de recomponer y liderar, en sus justos términos constitucionales, el necesario nuevo consenso constitucional porque sin este difícilmente se tendrá la solidez necesaria para que España sea actor del avance en la integración de la Unión Europea.

Ahora más que nunca y en lo que se refiere al necesario cambio constitucional, la Disposición Adicional Primera de la Constitución es una herramienta de referencia para consolidar un espacio institucional donde las naciones históricas se sientan cómodas en el horizonte de los próximos 30 años. En este horizonte previsiblemente se producirán cambios que ni nos imaginamos y nos adentra en procesos institucionales dinámicos porque, como decía Monnet, estamos inmersos en procesos de construcción institucional del mundo del mañana. Y máxime cuando tenemos ante nosotros una sociedad mundo en un profundo proceso de recomposición y unos avances tecnológicos y biológicos que en las previsiones del 2050 nos sitúan en una sociedad "un poco" diferente a la actual.

En este horizonte el bucle en el que estamos inmersos no se desenreda con visiones estáticas del pasado ni tampoco con carencias de liderazgo institucional. Requiere grandes dosis de realismo y de conocimiento de la situación doméstica, pero también de visiones sobre la sociedad europea e internacional de la que somos parte. Y aquí el nuevo Rey, comparando con el nivel de formación de la mayor parte de la clase política, puede aportar y mucho. Su formación y conocimiento de la sociedad internacional es un activo de primer orden, su posición institucional abre la oportunidad para un liderazgo moderno de la comunidad iberoamericana, convertirse en la referencia europea para las relaciones con América Latina, ser parte activa y cualificada de una comunidad atlántica con un protagonismo cada vez mayor del mundo hispano... En definitiva ser la figura que articula y lidera el necesario Pacto de Estado sobre la visión y posición de España en el concierto europeo y la sociedad internacional.

En estos momentos de incertidumbre y necesidad de impulso económico la figura del nuevo Rey, con su formación, conocimiento y networking, es una fortaleza de primer orden para poner en valor nuestro capital humano, industrial y tecnológico en el seno de la Unión y la Comunidad Iberoamericana principalmente.

Estoy convencido de ello pero también creo que tiene una tarea de primer orden. Ser receptivo a las voces reales de la sociedad civil de las Españas y ser capaz de aglutinar la voz de la regeneración económica y social. La crisis ha abierto en canal una clase media que experimentó la década anterior la ilusión de la riqueza virtual,ha aflorado un sistema educativo y un sistema productivo que se dan la espalda, hemos creado un clima  donde se desmotiva la iniciativa empresarial, tenemos ante nosotros el desafío de la regeneración industrial y tecnológica,...y sobre estos problemas tenemos uno, el principal. Recuperar la confianza en las Instituciones y crear el clima para que los jóvenes sean los actores de la reindustrialización. El nuevo rey tiene, generacionalmente, ante sí el desafío de recuperar el hambre de futuro y la ilusión de que en las Españas es posible cumplir los sueños y las oportunidades vitales.

Excelentes profesores como Tomás y Valiente en España y Arturo Valenzuela en Georgetown han moldeado la formación del próximo rey y le han dado las bases para entender en profundidad el valor de las Españas y la fuerza de la Comunidad Iberoamericana. Es la hora de los valientes.

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